Este número es la diada, la duplicidad, la multiplicidad, el principio pasivo, que está sujeto a metamorfosis y combinaciones. Si el número 1 significa el hombre, el número 2 es la mujer, en sentido simbólico, o sea lo que puede ser fecundo, lo que puede reproducirse, multiplicarse. Si el número 1 es el centro de todo, o sea el fondo del ser, el número 2 es el antagonismo, las fuerzas oponentes, es decir, todo aquello que puede chocar entre sí. Está asociado a todo lo que es par y lo que aparece a pares: los ojos, los brazos, las piernas, las manos, etc. Para las prácticas adivinatorias, hay que tener presente que el número 2 representa de alguna manera la posibilidad del mal, la aparición de lo negativo. Para los griegos simbolizaba lo desconocido, el caos, aquello que aparece claramente definido y que puede resultar perjudicial. Si los pitagóricos sostenían que el 1 se podía simbolizar con el punto, adjudicaban al 2, la raya. Si el 1 simbolizaba a Dios, el 2 representaba a la materia. Para los romanos, era el más infausto de todos los números existentes. Como adjudicaban a su dios Platón todos los presagios funestos, le otorgaron el segundo mes del año, y los Pitagóricos se abstenían en forma terminante a utilizar el 2, a tal punto que jamás servían una mesa con dos cubiertos ni encendían solamente dos luces en una estancia. Además significa el par, la pareja, el mundo manifiesto y el mundo oculto.