El Capitán Garfio tiene una maña que le he podido descubrir con sólo observar el comportamiento de los bolilleros.
El resto de esta semana se presenta con números clásicos para la fecha. El Capitán Garfio tiene una maña que le he podido descubrir con sólo observar el comportamiento de los bolilleros. Tras varios años mirando del primero al vigésimo, puedo decirles que he visto números a rolete.
El amor que tiene Garfio por sus trapisondas, exige hacerle un recuadro de una buena madera y ponerle un vidrio para colgarlo en la pared. El 16 es siempre más potable que el 10, que realmente es el año de la Revolución de Mayo, el 22 es un número que hoy, por ejemplo, podría ser potable. Fue hace 204 años, que se realizó el Cabildo Abierto.
Estaremos de cumpleaños, y quizá se adelante, El Obelisco de Buenos Aires es un monumento considerado un ícono de la Ciudad de Buenos Aires, construido en 1936 con motivo del cuarto centenario de la fundación de la Ciudad. Está emplazado en la Plaza de la República, en la intersección de las avenidas Corrientes y 9 de Julio.
Fue declarado Monumento Histórico Nacional. Se le encargó entonces al arquitecto Alberto Prebisch la construcción de un Obelisco que se realizó en sólo sesenta días: la obra comenzó el 20 de marzo de 1936 y fue inaugurada el 23 de mayo de ese año. Tengamos en cuenta la repetición del 78 como número potable para lo que resta de la semana.
Fíjense cómo el maldito y villano Garfio, va adelantando ambos que se relacionan con la historia. Con sus 67 m. de alto (equivalente a 32 pisos de un edificio tipo), su base de 7x7 metros, su original revestimiento de piedra blanca de oláen extraída de minas en las sierras de Córdoba, su estructura de hormigón armado hueca, por cuyo interior asciende una escalera de hierro de 342 escalones hacia las cuatro ventanas en el ápice y su pararrayos invisible para los peatones; el Obelisco se impuso al alma de los porteños, convirtiéndose en uno de los símbolos más característicos de nuestra identidad ciudadana.