El paso que estaría a punto de dar el tigrense fue forzado por la decisión de sus intendentes, que necesitan encolumnarse detrás de CFK. El veto de la Rosada abrió la vía hacia el Instituto Patria y puso en serio riesgo la reelección de Vidal, que ahora explora otro camino que puede generar más resistencias de Macri y Peña

El camino electoral hacia las presidenciales 2019 está contradiciendo todos los manuales kirchneristas. En principio, aquella lección repetida una y otra vez que prioriza el factor suspenso, reservando la confirmación de nombres para el final de cada cierre de listas. Sorprendió que con tanta antelación se anunciara una noticia de semejante impacto como la de la candidatura de Alberto Fernández, con Cristina K secundándolo, pero claramente ello forma parte de una minuciosa estrategia que también altera la histórica lógica kirchnerista y apunta a mandar señales hacia el conjunto del espectro político/sindical.

Formó parte de ese esquema la designación de la dupla que competirá en la provincia de Buenos Aires nada menos que con María Eugenia Vidal. Incluso la forma como se dio a conocer la fórmula fue novedosa. Si bien los nombres estaban entre lo que venía barajándose, no dejó de llamar la atención que se anunciaran un mes antes del cierre de listas, y la manera como se hizo: sugiriéndolo a través de fotos posteadas al mismo tiempo por la pareja de candidatos, y que al día siguiente la confirmación se diera de manera implícita a través de los propios intendentes, como un modo de aceptar públicamente lo que se sabía que en privado resistían.

Y no tan en privado, pues los intendentes habían expresado de manera pública sus preferencias en favor de que el elegido fuera uno de sus pares. Se sabía de las resistencias hacia la candidatura de Axel Kicillof, de quien desconfían por la relación que vayan a tener si se impone. Tampoco la intendenta de La Matanza contaba con el favor de esos intendentes del Conurbano que jugaban con Martín Insaurralde. El intendente de Lomas de Zamora fue el segundo en saludar a través de Twitter la nominación de Kicillof y Magario, y a partir de ello se dio por confirmada la dupla.

Esta supuesta apertura del kirchnerismo en general y la expresidenta en particular, en realidad no hace más que confirmar que ese espacio sigue privilegiando a los propios. Hay señales de "apertura" hacia el Partido Justicialista, pero los elegidos son siempre del más estricto gusto de Cristina. Ella fue quien le dijo a su ex ministro de Economía hace más de un año que empezara a recorrer la provincia con vistas a la designación ahora confirmada. Los resultados fueron auspiciosos y hasta hubo quienes llegaron a especular con que reemplazara a su jefa si eventualmente ella daba un paso al costado. Solo en favor de alguien que le inspirara tanta confianza como Kicillof sería capaz Cristina de hacer algo así, se sugirió.

No por nada se remarca que el ex ministro de Economía es de los pocos que puede conservar una intención de voto similar a la de CFK.

En el oficialismo admiten que es "un candidato fuerte". Lo respetan, saben que genera adhesión, tiene un discurso cautivante para sus fieles y sobre todo no tiene causas por corrupción, que tratándose del kirchnerismo no es un dato menor. Ofrece perfiles vulnerables también por su paso por la gestión económica: en la misma semana en que se confirmó su candidatura para el sillón de Dardo Rocha, hubo hechos que son consecuencia de sus actos. Como el fallo en contra del CIADI por la estatización de Aerolíneas Argentinas, empresa en la que entonces ocupó la gerencia financiera y sobre la que había opinado que nuestro país no solo no tendría que pagar nada, sino que Marsans debería pagarle al Estado argentino. El juicio perdido le costará a la Argentina más de 320 millones de dólares.

También esta semana este gobierno terminó de pagar la última cuota al Club de París, arreglo que sorpresivamente consumó Axel Kicillof y del que nunca se conocieron mayores detalles, salvo que terminamos pagando mucho más de lo que la propia ex presidenta había confirmado que debíamos.

Las medidas económicas más controvertidas de Kicillof en el Palacio de Hacienda tienen que ver con la macroeconomía y tal vez sean de difícil asimilación por parte del grueso de los bonaerenses. Por eso el oficialismo piensa hacer hincapié en su compañera de fórmula.

La oficialización de Kicillof dio por cerradas las negociaciones sobre la provincia que en algún momento incluyeron a Sergio Massa, que terminó la semana no develando en definitiva qué hará en estas elecciones, pero quedó bien cerca de cerrar con el kirchnerismo. No puede decirse que haya que darle la extremaución a Alternativa Federal, pero lo cierto es que la fuerza creada por el ex intendente de Tigre, Juan Schiaretti, Juan Manuel Urtubey y Miguel Pichetto sufrió un acelerado deterioro en apenas tres semanas. De alcanzar la el 12 de mayo con la resonante victoria en Córdoba, pasó a las indefiniciones y titubeos de sus potenciales candidatos, que sumergieron a esa fuerza en la intrascendencia. La figura fulgurante de Roberto Lavagna, que llegó a despertar tantas expectativas, se apagó por su indecisión y hoy parece relegado a jugar un papel testimonial con débiles aliados.

Pero el impacto más fuerte se lo dio sin duda el paso al costado de Cristina Fernández, que llevó a los gobernadores a definirse avalando la fórmula con Alberto, dejando prevenciones de lado. Damnificada principal resultó Alternativa Federal, la fuerza creada para representar al peronismo de los gobernadores, que casi se quedó sin gobernadores.

Sergio Massa no ha definido qué hará, aunque los dirigentes del Frente Renovador mayoritariamente ya dan por hecho que confluirán con Unidad Ciudadana y el PJ. El tigrense está viendo de qué manera maquilla lo que vaya a decidir. Alberto Fernández se mostró dispuesto a competir con él en las PASO. Difícilmente Massa acceda: no le aporta nada sufrir una paliza electoral. No quiere asumir el papel de partenaire, como en 2015 fueron Ernesto Sanz y Elisa Carrió para Macri. ¿Qué podría negociar después de tan magra cosecha?

"No busco un cargo. No necesito de un cargo público para expresar mis ideas", dijo Massa el jueves en Parque Norte anticipando tal vez que no competirá en estas elecciones. Es lo que le recomendaba en 2016 su mentora, Graciela Camaño, pensando que la renovación del peronismo sería después de 2019. Pero es lo que terminaría decidiendo Massa, que no quiere ser el Randazzo de 2017 y facilitarle la victoria a Cambiemos encabezando una tercera vía.

Es la peor noticia para el gobierno, que ve armarse una polarización que no es la que deseaba, una en la que no se percibe una tercera fuerza oficiando como dique de contención. Tal vez la mitad de los votos de Sergio Massa -que es lo que encuestadores como los de Opinaia sugieren que podrían votar al kirchnerismo si el tigrense se va con ellos- alcancen para que la dupla Fernández-Fernández se imponga en primera vuelta. Hoy la alternativa de evitar el balotaje es prioridad para el kirchnerismo y es una posibilidad muy concreta conseguirlo.

Pensar que esto fue provocado por el propio oficialismo llama poderosamente la atención. Es que terminar adhiriendo a Cristina no estaba en los planes de Massa, por eso su insistente interés en el desdoblamiento de la elección bonaerense: para evitar perder a sus intendentes, quienes atentos a lo sucedido en 2017 querían encolumnarse tras la taquillera candidatura de Cristina Fernández de Kirchner. Comenzando por Julio Zamora, el intendente de Tigre, que hace meses viene trabajando con Unidad Ciudadana. Sergio Massa no podía resignarse a perder a todos sus municipios y por eso negociaba con Vidal un desdoblamiento que los despegara de la elección presidencial.

No sería exagerado pensar que buena parte de los jefes comunales terminarían propiciando el corte de boleta en favor de la gobernadora, de modo tal de asegurarse la victoria. María Eugenia Vidal pudo haberle ofrendado a Macri una resonante victoria en la previa de octubre. Pero pesó la decisión de Balcarce 50 de no exhibir lo que consideraban sería "un signo de debilidad", además de dejar a la boleta de Macri sin el sostén de Vidal en las presidenciales.

Así las cosas, con un Macri que mejora levemente en las encuestas y va camino a una polarización que lo mantiene con chances en un balotaje, todos coinciden en que antes, como en 2015, sufrirá sendos traspiés en agosto y octubre. Ese mes Cambiemos podría perder la provincia, donde no hay balotaje y los candidatos kirchneristas son potentes. Por eso en la gobernación mantienen el teléfono abierto con el peronismo no K, habilitando -si la Rosada accede- a que Vidal pueda estar también en las boletas de Alternativa Federal. La movida tiene dos protagonistas a los que eso convence menos que el desechado desdoblamiento: Mauricio Macri y Marcos Peña.

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