En tiempos de grandes emergencias y crisis imposibles de dimensionar, el dirigente más importante del fútbol mundial, Gianni Infantino, reivindicó el compromiso social y priorizó la salud, elaborando un mensaje acorde al clima de época, despertando dudas teniendo en cuenta de quien proviene y a qué intereses representa

“No son tiempos de muchas palabras. Son tiempos de respeto por los que sufren y por los que ayudan. Este virus nos demostró lo pequeños y vulnerables que somos. Pero también como el mundo es de verdad global. Situaciones excepcionales que van a pedir soluciones excepcionales. Y problemas globales que van a pedir soluciones globales. Trabajamos juntos por eso. Por primera vez el fútbol no es lo más importante. La salud a es lo primero. Y debe seguir siendo hasta que esta enfermedad sea derrotada. El mundo se enfrenta a nuevos desafíos y en estos desafíos tenemos que permanecer unidos, mostrar solidaridad y trabajar en equipo, El trabajo en equipo es crucial. Si el fútbol puede dar una lección de vida, es esta. Trabajar en equipo, todos juntos, en el mundo entero, para encontrar soluciones. Repito: la salud tiene que estar en primer lugar. Ningún partido vale una vida humana”.

Estas palabras no son de ningún líder social o político con un perfil progresista y alejado por completo de cualquier plataforma del neoliberalismo financiero y de la derecha internacional. Esas palabras son algunas de las definiciones que pronunció el presidente de FIFA, Gianni Infantino, hablando por videollamada en el reciente congreso que celebró el pasado jueves la Conmebol que preside Alejandro Domínguez.

Infantino se alineó y alineó a esa influyente corporación del fútbol mundial que es la FIFA con las emergencias sanitarias que padecen las sociedades contemporáneas a partir de la fulminante irrupción del COVID-19. Incluso en varias oportunidades y como para que no quedara ninguna duda, puso en primerísimo plano la salud por encima de los contenidos económicos y deportivos.

¿Esto significa que el número uno de FIFA es un hombre de grandes ideales que persigue el altruismo, la solidaridad, el compromiso social, el colectivismo y la búsqueda de consensos muy amplios para volcarlos en favor de las comunidades que interactúan con el fútbol? La realidad es que no parece ser Infantino un arquitecto consagrado a ese tipo de construcciones.

¿Qué es entonces? Un pragmático muy atento y funcional para interpretar los climas de época. Y en virtud de su pragmatismo para viajar en la dirección en la que sopla el viento, en esta ocasión mueve las fichas con una orientación políticamente correcta.

“No saca los pies del plato”, diría un clásico abonado a los lugares comunes. Y no los saca porque aun siendo una pieza muy influyente y celebrada del poder económico y financiero mundial expresada por esa multinacional globalizada que es FIFA (a la que Infantino hace apenas un par de meses le abrió las puertas a Mauricio Macri como presidente de la Fundación), sabe como lo sabe cualquiera con un registro intelectual sin demasiadas luces, que oponerse o resistirse a la cadena de solidaridades reales o simbólicas que precipitó el coronavirus es dar un paso en falso estruendoso.

La presencia ahora altruista y articulada de FIFA promoviendo casi por generación espontánea el escenario de la conciencia social para lidiar “todos juntos” contra los efectos catastróficos de la pandemia, no deja de ser una formidable puesta en escena. Porque no es de ninguna manera creíble la FIFA. No lo fue nunca. Ni antes bajo el mandato reaccionario y corrupto de Joao Havelange, ni después con el no menos corrupto, Joseph Blatter, ni ahora con el target oportunista de Gianni Infantino.

La credibilidad no es un valor que se adquiere de la noche a la mañana. Es la suma de ladrillos que le dan forma y diseño a una pared artesanal. Esa construcción siempre caminó por afuera de la dimensión ultracapitalista y orgánica de FIFA.

Infantino, igual que FIFA, no dan puntada sin hilo. No está nada mal en estas circunstancias y en otros episodios, tenerlo bien presente.

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