Que Angelici y Tevez hablen de intereses comunes, está perfecto. Boca, en definitiva, los une. Pero que lo hagan en el ámbito restringido y reservado de la Selección en la inminencia del cruce de Argentina decisivo frente a Uruguay, de mínima parece absolutamente desafortunado. Como ejemplo, es pésimo.
Privilegiar intereses sectoriales (su probable retorno a Boca) en lugares y espacios que por estos días no corresponden, revelan imprudencias inocultables de la AFA, de Angelici y del responsable técnico de la Selección, Gerardo Martino. Tevez, por supuesto, también es responsable de protagonizar una reunión ajena a las preocupaciones y a la dinámica de la Selección nacional.
El hecho delata desprolijidad. Y pone en foco algo que no debería haberse consumado en plena disputa de la Copa América. Angelici que suele jactarse de su capacidad dirigencial y de su admiración por la organización y la logística del fútbol europeo, debería saber que su reunión con el ídolo boquense fue inoportuna y criticable, más allá de la aceptación del jugador.
Porque estas situaciones tan simpáticas para el pueblo boquense y para la prensa o el universo mediático adicto a Boca, también denuncia incapacidad para fijar límites. En el escenario de la Selección, las prioridades tendrían que ser todos los caminos que conducen a la Selección. Para hablar de situaciones que exceden a la Selección (como es este caso en particular) existen otros momentos y otras circunstancias más adecuadas.
Martino, como líder natural del grupo, abrió puertas que no corresponden. Porque también para estas cuestiones se ejerce el liderazgo. No importa la dimensión que otorga el cargo de presidente de Boca. O la presión que puede generar su presencia en las puertas de la concentración argentina.
No son detalles accesorios, aunque quizás lo parezcan. Con este mismo criterio habría que franquearles las puertas a empresarios, intermediarios u otros presidentes de clubes interesados en dialogar con los jugadores sobre temas privados.
El ámbito de la Selección no es la mesa de un bar. Ni una oficina para articular negociaciones particulares. Si esto no se interpreta, pasa lo que pasó con Angelici y Tevez. Un error naturalizado. Casi por todos. Hasta por los que lo deberían condenar.