El cierre de listas dejó a Sergio Massa en el centro de la escena. El oficialismo esperó hasta último momento para mostrar sus cartas, pero está claro que el peso de la campaña estará sobre los hombros de la Presidenta.
Más allá de las dudas, las marchas y contramarchas capaces de sacar de quicio al más templado, la decisión anunciada finalmente por Sergio Massa este fin de semana no es otra que lo que el intendente había anticipado hace dos años. Después de las elecciones presidenciales, el mandamás de Tigre anunció que sería candidato en 2013. Tenía claro que para competir con aspiraciones en 2015, necesitaba instalarse en la instancia electoral previa.
Claro que por entonces Sergio Massa no pensaba en otra cosa que en suceder a Daniel Scioli. Pero advertía que habría para entonces muchos aspirantes naturales dentro del kirchnerismo a suceder al actual gobernador. De ahí que no ocultaba sus planes de utilizar su gestión al frente del municipio de Tigre como trampolín para la gobernación, usando estas legislativas como un testeo trascendental.
No sería un candidato testimonial, como ya se había visto obligado a ser en las elecciones de 2009, cuando Néstor Kirchner se puso al frente de la lista, ubicó a Daniel Scioli segundo y a él en cuarto lugar. Por el contrario, haría como en 2008, cuando fue convocado a reemplazar a Alberto Fernández al frente de la Jefatura de Gabinete y pidió licencia en la intendencia. Cargo al que volvió cuando dejó el gobierno, en malos términos con el matrimonio Kirchner.
Cuando hace dos años Sergio Massa dejó trascender cuáles serían los pasos que daría en su camino de Tigre a La Plata, Daniel Scioli era número puesto para reemplazar a Cristina en 2015, a menos que en la oposición surgiera una figura capaz de convertirse en el favorito del electorado. Pero cuando el segundo período de gobierno se convirtió en un calvario para Scioli, por las estrecheces económicas a las que fue sometido desde el gobierno nacional, no faltaron quienes comenzaron a dudar de sus posibilidades. Y en consecuencia, el intendente de Tigre comenzó a ser mensurado como eventual sucesor, por default.
Ya definitivamente instalada su imagen en la grilla de 2015, la gobernación pasó a ser para Sergio Massa una aspiración "de mínima", pero claramente atractiva. Todo lo demás que pueda venir será bienvenido. Así lo vieron numerosos dirigentes que comenzaron a acercársele; desde ex kirchneristas, a sciolistas desencantados, y hasta no pocos denarvaístas que olfatearon probabilidades más convincentes cerca del ex jefe de Gabinete. Las dudas que mostró respecto de ser parte o no de esta elección llevaron a varios dirigentes que se le acercaron a replantear la premura con la que habían actuado. Pero tal vez Massa nunca haya tenido en mente otra cosa que lo que resolvió finalmente y la suya haya sido una estrategia para concitar la atención que logró.
En ese juego arrastró al resto de la oposición peronista no K, que estuvo pendiente de lo que hiciera para negociar con él en consecuencia, y hasta al propio oficialismo, con el que disputó hasta último momento una suerte de partida de truco en la que ninguno quería ser el primero en revelar sus cartas. Así, el misterio kirchnerista en develar sus candidatos en el distrito bonaerense pasó finalmente a un segundo plano, pues está claro que será la Presidenta de la Nación la que se ponga al hombro a los candidatos y salga ella a hacer campaña.
Desde 2005, cuando Néstor Kirchner hizo "jugar a la dama" en la provincia de Buenos Aires para derrotar al duhaldismo, definieron a ese territorio como "la madre de todas las batallas". Y como entonces, Cristina quiere encabezarla. Lo hará consciente de que cuenta con un núcleo duro que le es fiel y la esperanza de que el voto opositor se atomice entre tantas alternativas. Porque si algo no prosperó en el seno de la oposición para este cierre de listas, fueron los acuerdos.
Con los nombres que quedaron en las nóminas, quedó claro que el cristinismo decidió profundizar lo que ya había mostrado en 2011: armar todas las listas en el despacho de Carlos Zannini en la Casa de Gobierno, bajo la atenta mirada presidencial. Eso que tanto rédito le dio la vez pasada, se repitió en esta oportunidad, aunque los resultados no prometan ser los mismos. Sin figuras rutilantes, la Presidenta busca garantizarse la lealtad de los que resulten elegidos, aun en el caso de que el resultado no sea convincente.
En ese marco han vuelto a las listas cuadros de La Cámpora que nutrirán la tropa ya existente en el Congreso y estarán allí durante los dos primeros años del próximo gobierno. También en ese futuro pensaron tres gobernadores muy fieles que no tienen posibilidad de reelección, Jorge Capitanich, Gerardo Zamora y Sergio Urribarri, que irán como senadores suplentes, pensando probablemente en hacer renunciar algún titular para venir al Senado en 2015.
Siguiendo con la Cámara alta, la Presidenta laudó en Neuquén, donde el kirchnerismo no las tiene todas consigo y podría perder un senador. Pensando en ello, Nanci Parrilli quería ser cabeza lista y para eso operó su hermano, el secretario General de la Presidencia, en detrimento de Marcelo Fuentes. En efecto, el presidente de la estratégica Comisión de Asuntos Constitucionales no es muy popular en su provincia, pero ha sido pieza clave en todas las batallas legislativas emprendidas por el kirchnerismo en el Parlamento. Consecuencia: Cristina puso a Fuentes primero en la lista para renovar en el Senado y a la senadora Parrilli al tope de la nómina para Diputados.
Se entiende así mejor la reacción del gobierno ante la decisión de la Corte de invalidar la elección de consejeros de la Magistratura en las PASO. Más allá de haber abortado el Tribunal Supremo el eje de la reforma judicial, de haberse llevado a cabo la elección, el cristinismo hubiera tenido la oportunidad de ubicar al tope de su lista a figuras seguramente más cautivantes que la oferta que ahora habrá. Y hubiera nacionalizado de paso la elección.
Sin ello, la figura determinante volverá a ser para el kirchnerismo la Presidenta. Que esta vez no compite.