Luego de recibir el alta médica el fin de semana, se espera la reaparición pública de la Presidenta. Cómo fue su anterior retorno tras la operación de tiroides y las decisiones que aguardan ahora su palabra final
Qué mérito enorme habrá tenido para el gobierno el fallo de la Corte Suprema sobre la Ley de Medios dado a conocer a menos de 48 horas de las elecciones, que las mismas pasaron a tal segundo plano que la expectativa en torno a la inminente reaparición pública de la Presidenta no pasa por conocer su opinión sobre esos comicios. Si hoy el 27 de octubre parece mucho más lejano que lo que expresa el calendario, no será Cristina precisamente la que se ocupe de llevar el tema a un primer plano.
Igual, el resultado electoral es un dato de la realidad que en modo alguno el gobierno puede soslayar. De ahí que las dudas giren en torno a si habrá modificaciones oficiales a partir del mismo. Siempre más atentos a las formas que al fondo, muchos esperan conocer en cambio las características que mostrará la Presidenta cuando reaparezca. No es un dato menor, pues más allá de que vaya a ser su reaparición pública tras una operación importante, se mostrará por primera vez después de que oficialmente las urnas determinaron que su mandato tiene fecha de vencimiento.
Para imaginar lo que podrá mostrar Cristina cuando esta semana se la vuelva a ver, vale siempre en el kirchnerismo tener en cuenta los antecedentes. En la materia hay uno obvio: su retorno tras la operación de tiroides del 4 de enero de 2012. Esa vez volvió con un acto en la Casa de Gobierno exactamente tres semanas después, con un discurso muy extenso, en el que matizó anuncios con elogios para su gestión y críticas para los adversarios.
Ese día informó que se había logrado perforar el piso del 7% de desocupación, y la emprendió contra David Cameron por haber tildado a nuestro país de 'colonialista'. Anunció a continuación la publicación del Informe Rattenbach sobre el papel de los militares argentinos durante la guerra, y calificó de 'príncipe' a Guillermo Moreno al lado de los italianos, luego de que allanaran allí cuatro consultoras.
Pero el dato más saliente fue otro. Era esa su primer discurso del año y habló de una balanza comercial superavitaria afectada por los problemas energéticos, cargando las culpas sobre las petroleras, que 'si hubieran mantenido o aumentado la producción, no hubiéramos tenido que importar combustibles por 9.396 millones de dólares, un 110% más que 2010', dijo. Advirtió entonces que usaría 'todos los instrumentos que las leyes y la Constitución me permiten', y en los días sucesivos se dio inicio a las acciones conjugadas que terminaron con la expropiación de YPF.
Esa fue la Cristina que volvió de la operación. Ratificando su política de 'sintonía fina' -a la que en ese mismo discurso se encargó de desvincular de cualquier signo de 'ajuste'-, pero que a las pocas semanas dejó de lado tras la tragedia de Once.
Más allá del talante presidencial en un retorno a la actividad que a partir de la recomendación médica tendrá un ritmo moderado, lo importante serán las decisiones que vayan a adoptarse. En principio, las dudas giran en torno a si habrá cambios de Gabinete. Desde esta misma columna habíamos anticipado esa posibilidad después de las PASO, mencionando precisamente la opción de gobernadores exitosos desembarcando en el gobierno nacional, con el fin de inyectarle aires de renovación, por un lado, y potenciar sus figuras para una eventual sucesión, por el otro.
El 22 de septiembre citamos en esta misma columna dos nombres que luego aparecieron en múltiples análisis: el entrerriano Sergio Urribarri y el chaqueño Jorge Capitanich. Ambos ministeriables a partir de la conjunción de factores citada. Pero no son los únicos. Hay más nombres que circulan, englobando cambios y confirmaciones, mas ninguna precisión. Con una característica común: la mayoría de los mencionados preferiría quedarse donde está. Es por ejemplo lo que dijeron a DIARIO POPULAR desde el entorno de una de las figuras mencionadas, a la que también se alienta para estar en la grilla para algún cargo ejecutivo importante -incluso el presidencial- en 2015.
Escuché la versión, pero la verdad es que no se nada, es la frase común que repiten los involucrados en estos trascendidos de cambios de Gabinete. Ratificando de paso que en efecto, el reposo presidencial fue tan estricto que fueron muy pocos los que pudieron tomar contacto con la Presidenta de la Nación. Ella será en definitiva la que a partir de esta semana aborde plenamente la cuestión de una eventual restructuración de su equipo.
Pero para morigerar las expectativas, habrá que tener en cuenta que su retorno gradual a la actividad plena mantendrá a Cristina Kirchner recluida un tiempo más en Olivos. No puede viajar en helicóptero y sus salidas por vía terrestre se han limitado a los chequeos de rigor y han sido nocturnos, de modo tal que no se espera por un tiempo su presencia en la Casa Rosada. Tal vez para diciembre. Y no hay antecedentes de juras de ministros en la residencia presidencial
La ausencia de CFK también ha hecho recrudecer internas que con la Presidenta activa no llegan a exponerse. Y hay figuras del kirchnerismo que se despachan sin filtro contra funcionarios importantes. Es el caso de quien ante este medio cargó contra Florencio Randazzo por un supuesto llamado de salutación posterior al resultado de las elecciones. En esas recriminaciones comienzan a tallar también las aspiraciones para 2015.
Claro está que no todo gira estrictamente a los nombres, sino también a las medidas a adoptar a la vuelta de Cristina. En materia económica, las mayores dudas son sobre lo que vaya a resolverse en torno a la caída de reservas. Sobre el tema hay diversos planes de acción -ninguno con resultados asegurados-, pero la decisión final la tendrá la Presidenta.
A ella están esperando también en el Congreso para resolver si Juliana Di Tullio seguirá presidiendo el bloque K en Diputados, luego de que en la semana se esbozara una asonada de legisladores del interior reclamando ese cargo. También deberá decidir ella qué hacer con el ascenso del general César Milani, postergado para fin de año junto al del resto de los jefes militares ante la imposibilidad de contar con los votos en el Senado para habilitarlo. Pasadas las elecciones, lejos de haber mejorado, las perspectivas han empeorado en esa cámara, y de no mediar alguna señal positiva de parte de la Justicia que aliviane su situación, no hay modo que aprueben su pliego.
Señales positivas de la Justicia ya tuvo el gobierno con la Ley de Medios. Y una señal de Cristina hacia la Corte pareciera ser la reactivación del tratamiento de un tema caro a Ricardo Lorenzetti como es la unificación de los códigos Civil y Comercial, que corría el riesgo de perder estado parlamentario pero tendrán dictamen esta semana. Cuanto menos, será aprobado en el Senado con la actual conformación. El tema debía haber sido aprobado el año pasado, pero se frenó 'a la espera de más consultas', coincidentemente con el enojo del gobierno con la Corte, tras el fracaso del 7D.