Hacía tiempo que la Presidenta no mantenía encuentros tan trascendentes con figuras del tenor de quienes la recibieron en Europa esta semana. A su regreso, encontró que se mantiene el clima enrarecido, con paritarias que no terminan de encaminarse
Tan bien se complementaban los Kirchner en política como diferentes entre sí eran en cuestiones muy puntuales. A él no le gustaban para nada la parafernalia de las relaciones exteriores. A ella sí. Disfrutó siempre sobre todo de las reuniones del G-20, un foro que le permitió siempre a Cristina codearse con los principales líderes del mundo. A Néstor en cambio lo incomodaban esas citas, aunque logró desempeñarse con soltura y, a diferencia de su esposa, fue recibido en la Casa Blanca por el presidente norteamericano. George W. Bush, en su caso, aunque no les cayera bien a los Kirchner. Barack Obama en cambio, que tantas esperanzas había despertado en el matrimonio presidencial con su llegada al poder, no recibió nunca en Washington a la sucesora de Néstor Kirchner. Sí se encontraron en diversas cumbres, pero seguramente a CFK le pasaron la factura de ciertos destratos, sobre todo el prodigado a Bush en la Cumbre de las Américas celebrada en Mar del Plata en 2005.
De un tiempo a esta parte, el aislamiento argentino se profundizó, y el gobierno argentino no hizo mucho por disimularlo. Por el contrario, Cristina apareció cada vez más cerca de Chávez, su sucesor Maduro, los hermanos Castro o Rafael Correa. El año pasado, la Presidenta emprendió una prolongada gira que la llevó a Cuba, Emiratos Arabes, Indonesia, Vietnam y hasta una controvertida escala en Islas Seychelles. El año anterior, a instancias de Guillermo Moreno, Cristina viajó a Angola, en busca de negocios que lejos estuvieron de concretarse. Y ni hablar del acuerdo con Irán.
Se sintió más a gusto en cambio hace dos semanas, cuando viajó a Chile para la asunción de Michelle Bachelet, y compartió cartel con la anfitriona y Dilma Rousseff. Pero esta última semana la Presidenta sintió que volvía al mundo. Con una agenda -en principio- más bien liviana, a Cristina le fue realmente bien en su paso por Europa. Nunca terminará de agradecerle del todo al Papa Francisco, a quien ni siquiera mencionó por su nombre el día de su designación, y con el que ha entablado una relación cercana y de simpatía y respeto mutuo. El Santo Padre la invitó a almorzar y la noticia saliente fue el tiempo destinado a ese encuentro: unas dos horas y media. Ningún otro presidente del mundo recibirá semejante atención de parte del Pontífice.
Ante las primeras reacciones adversas de parte del kirchnerismo hace un año, se especuló entonces conque una de las razones del despecho sería que a partir de entonces habría un argentino más importante y poderoso que la Presidenta. Independientemente de la certeza de ese pensamiento, hoy Cristina se beneficia de esa condición y de alguna manera el prestigio del Papa la salpica como agua bendita.
Volvemos a las diferencias con Néstor K: pese a ser él más pragmático que su esposa, muy posiblemente él no se habría acercado tanto al Papa en caso de haber estado vivo y presidiendo la Nación. Para el santacruceño, Francisco hubiera seguido siendo Bergoglio.
El Papa profundizó su relación con Cristina durante el post operatorio de la Presidenta, con la que se dice que habla periódicamente por teléfono. Con un especial interés por la coyuntura local, pese a la distancia, Francisco siguió atentamente el enrarecimiento del clima político y a todos los políticos argentinos con los que tuvo contacto en los últimos meses recomendó 'proteger a Cristina'. O defender la institucionalidad, si se prefiere el término.
Como para que no pudiera ser utilizado políticamente por el kirchnerismo, el Papa postergó una visita al país hasta 2016. ¿Por qué entonces se muestra tan cercano al gobierno? Precisamente porque llegó a temer un desmadre institucional, producto de la crisis económica, la tensión social creciente, la salud presidencial deteriorada y la derrota electoral, un combo demasiado peligroso. Esa y no otra es la razón por la que no recibió aún a Sergio Massa, cuando sí lo hizo con otros aspirantes presidenciales como Scioli y Macri. Estos últimos ocupan roles institucionales que justificaban esos encuentros; en el caso del ex intendente de Tigre, esa reunión hubiera abierto conjeturas que el Santo Padre no quiere alimentar.
Tras su extensa reunión con quien la revista Forbes acaba de definir como 'el hombre más influyente del mundo', Cristina tuvo otro almuerzo de campanillas, esta vez con el presidente de Francia, Francois Hollande, quien contra las presunciones periodísticas brindó un decidido apoyo a las negociaciones de Argentina con el Club de París. Ese mismo día, la Presidenta mantuvo un encuentro de dos horas con el titular de Total, la petrolera francesa que tiene importantes intereses en Argentina, y que mostró especial interés en participar de la explotación de Vaca Muerta.
Está dicho: no podía haber sido más provechosa la estancia europea, que abrió las mejores perspectivas, y se reflejó en los mercados, que perciben que un acuerdo con el Club de París es cada vez más posible, como así también ya no son tan escépticos por lo que pueda pasar con los fondos buitres en los tribunales neoyorkinos. El Papa recibirá este miércoles a Obama en Roma, de ahí que haya quienes se esperancen con una ayuda divina
El buen clima internacional se oscurece en estas tierras. Si bien los mercados se mostraron optimistas en Argentina, volvió a sentirse fuerte la pérdida de reservas, razón por la cual se reanudaron las microdevaluaciones. En una semana se fueron 281 millones y las reservas llegan a 27.190 millones, el menor registro en más de siete años, a punto de perforar el piso de 27.188 registrado el 22 de agosto de 2006.
No es la única mala noticia en el plano local, donde ya se vive a pleno la puja salarial. Las paritarias se presentan tan complicadas como se esperaba, aunque seguramente el nivel de conflictividad e intransigencia alcanzado con los docentes bonaerenses excede las peores expectativas. A dos semanas de lo que debió haber sido el inicio del ciclo lectivo, las aulas continúan vacías y llama la atención la virulencia de la pulseada. La conducción actual de SUTEBA es muy cercana al kirchnerismo, de ahí que en el entorno del gobernador vean fantasmas. A Roberto Baradel se lo vio transitar el lunes pasado la Legislatura bonaerense; saliendo del despacho del vicegobernador Gabriel Mariotto, para más datos. El mismo día en el que amenazó a los funcionarios bonaerenses, en la gobernación estaban atentos a una posible visita suya esa noche al programa 678, lo cual hubiera sido tomado como una declaración de guerra, que a la postre no se concretó.
Pero si bien se sabe que el kirchnerismo duro puede ver con cierto regocijo el desgaste del gobernador, todos tienen claro que la prolongación del conflicto terminará alcanzando a la propia Presidenta. Si hasta es posible que el primer grado de responsabilidad se lo adjudiquen al gobierno nacional y no al provincial. El tema es que la situación de Baradel no parece ser más cómoda que la de las autoridades bonaerenses, corrido por izquierda por sectores más radicalizados que se van haciendo fuertes en algunas seccionales importantes del distrito y que habrían sido por ejemplo los que participaron en los incidentes del jueves. Ese sindicalista no tiene margen para mostrar moderación.