Hablar de “las tapas” de los diarios es un acto de liviandad insufrible. El mercado de la prensa cotidiana porteña goza, afortunadamente, de impresionante vigor
El martes 1º de abril de 2008, la presidenta Cristina Kirchner se ocupó en un discurso en Plaza de Mayo del periodista y artista plástico Hermenegildo Sábat, uno de cuyos célebres dibujos había publicado esa mañana el diario Clarín. Cristina lo calificó de "mensaje cuasimafioso". Comparó esos días de marzo de 2008, con los momentos previos al golpe de Estado de 1976 que derrocó al gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón. Hacía apenas 110 días que había asumido su primer mandato presidencial, cuando Cristina dijo ese día que "he visto nuevamente el rostro de un pasado, que pareciera querer volver. Tal vez muchos no lo recuerdan, pero un 24 de febrero de 1976 también hubo un lock-out patronal, las mismas organizaciones que hoy se jactan de poder llevar adelante el desabastecimiento del pueblo, llamaron también a un lock-out patronal allá por febrero del '76. Un mes después (se produjo) el golpe más terrible, la tragedia más terrible que hemos tenido los argentinos".
Enseguida agregó: "Esta vez no han venido acompañados de tanques, esta vez han sido acompañados por algunos generales multimediáticos que además de apoyar el lock out al pueblo, han hecho lock-out a la información, cambiando, tergiversando, mostrando una sola cara. Son los mismos que hoy pude ver en un diario donde colocan mi caricatura, que no me molesta, a mí me divierten mucho las caricaturas y las propias son las que más me divierten, pero era una caricatura donde tengo una venda cruzada en la boca, en un mensaje cuasimafioso (sic). ¿Qué me quieren decir, qué es lo que no puedo hablar, qué es lo que no puedo contarle al pueblo argentino?".
Se refería la Presidenta ese día de hace cuatro años y medio al artista Hermenegildo Sábat, el multipremiado y genial dibujante, pintor y periodista cuyos trabajos se publican en Clarín desde 1973. En 2004, Gabriel García Márquez le concedió el premio de la Fundación Nuevo Periodismo, por su "conducta intachable ante el poder". Ha sido reconocido como "ciudadano ilustre de la ciudad de Buenos Aires", y en Estados Unidos lo galardonaron con el prestigioso premio Maria Moors Cabot por su trabajo durante la dictadura militar.
Anteayer, viernes 11 de octubre, al hablar como presidente interino de la Nación, Amado Boudou recitó el mismo poema. Desde Tecnópolis, Boudou aseguró que las críticas que se le realizan al gobierno a través de las tapas de los diarios "son mensajes mafiosos" y los comparó con los "aprietes" que "en otro momento se hizo con ejércitos". "Ya estamos acostumbrados a recibir todos los días algún golpe bajo, ya estamos acostumbrados a las mentiras, pero sepámoslo todos: esas tapas, esos mensajes mafiosos también han buscado y buscan maniatar a empresarios, a sindicalistas, a trabajadores, a todos en la Argentina", dijo Boudou.
Cabeza del Poder Ejecutivo Nacional hasta que reasuma Cristina, Boudou sostuvo que la prensa es "la herramienta de control de estos tiempos, así como en otras épocas lo fueron los ejércitos". Los medios pretenden, dijo, "mantener la misma política que en algún momento se hizo con ejércitos, con aprietes ideológicos que ya no van más ni en la Argentina ni en la región". Se comprende la ansiedad de Boudou, pero si la comparación de dibujos periodísticos con actos "cuasi mafiosos" perpetrada por Cristina Kirchner en 2008 ya fue una evidente desmesura, que Boudou haya reiterado la metáfora ahora, casi un lustro más tarde, habla de un agotamiento de conceptos ya inocultable.Por de pronto, hablar de "las tapas" de los diarios es un acto de liviandad insufrible. El mercado de la prensa cotidiana porteña goza, afortunadamente, de impresionante vigor. El número de publicaciones que se ofrecen al lector en los fornidos quioscos porteños. Además de DIARIO POPULAR, que es uno de los tres diarios de más circulación en la Argentina, se publican, sólo en español: Clarín, La Nación, Ambito Financiero, El Cronista Comercial, Muy, Tiempo Argentino, BAE, La Prensa, Página 12, Miradas al Sur y Perfil, además de La Razón y El Argentino, de distribución gratuita.
¿Cuáles y cuántos de estos diarios son capaces, mediante esas tapas, de emitir exitosamente "esos mensajes mafiosos (que) han buscado y buscan maniatar a empresarios, a sindicalistas, a trabajadores, a todos en la Argentina?". Además de ser particularmente absurdo, la obsesiva referencia presidencial por meter la palabra "mafia" en todo lo que les causa fastidio, es particular y desesperantemente vacía. ¿Cuántas tapas de diarios apoyaron al general Juan Perón en las elecciones de setiembre de 1973, cuando obtuvo el 62% de los votos? ¿Desde cuándo, el peronismo, ese formidable y resistente movimiento que desde hace casi 70 años expresa a las mayorías populares, tiene miedo de las tapas de los diarios y de los dibujos periodísticos?
Si este pensamiento atrasa por lo menos cuarenta años y ha sido históricamente el preferido por las vanguardias de izquierda, convencidas de que "la burguesía" mantiene alienadas a "las masas", que hoy sea el catecismo laico del oficialismo, asombra por la indigencia de su arcaico razonamiento. Pero Boudou no está solo, no -al menos- en sus pintorescas peroratas ideológicas, especialmente irritantes por provenir de un hombre ya cincuentenario que llegó al progresismo hace cinco minutos.
Como prueba de que esa obsesión por los medios impregna a todo el gobierno, la fogosa presidenta del bloque de diputados nacionales del kirchnerismo en el Congreso, Juliana Di Tullio, dio cátedra ayer mismo. En un reportaje imperdible que le hizo Diego Sehinkman en La Nación, el periodista sostuvo este diálogo con Di Tullio: Usted tuvo una gran pelea con sus hijos durante la 125 porque ellos apoyaban al campo. Fue una pelea fenomenal: la madre diputada que iba a votar a favor de la 125 y sus hijos, ¡estaban con el campo! ¿Por qué? Creo que hubo una construcción colectiva. Pensaban como los medios. Veían la tele y repetían (sic) que nosotros éramos todos malos y que las vaquitas eran buenas. Después entendieron, como la mayoría de los argentinos, que había una pelea de fondo. ¿Usted en serio piensa que la gente le cree más a lo que ve en la pantalla que a lo que ve por su ventana? Sin subestimar, sí.
No deja de ser curioso que desde las máximas investiduras y cargos de la Argentina se siga pensando que en plena era digital, con el auge imparable de las redes sociales y una capacidad sin restricciones para mantenerse informado en tiempo real y sin obstrucciones, el credo kirchnerista insista en la letanía de "las tapas" subversivas de los diarios y en la responsabilidad que tendrían los "mensaje mafiosos" de los medios. Además, y hablando de mafia en serio, lo único cierto es que el viernes a la noche le dispararon 14 balazos a la vivienda del gobernador santafecino Antonio Bonfatti, que conduce la provincia como exponente del Frente Progresista de radicales y socialistas. ¿Dónde estaría la mafia, en las tapas de los diarios o en las balas contra un gobernador que no es "del palo"?