Toda esta etapa de modificaciones, realismo, moderación, cordialidad y admisión pragmática de la realidad, podría ser un recreo para los dogmáticos que creían ver en esta década un experimento “revolucionario”
Se lamentaba melancólicamente Carlos Corach. Hombre clave del peronismo en el gobierno de 1989 a 1989, a los 78 años está retirado y vive en Europa gran parte del año. Pero días atrás recurrió nada menos que a La Nación, para lamentarse de 'los analistas y politólogos, tanto nacionales como extranjeros, se sorprenden de la asombrosa permanencia del peronismo, de su hegemonía y su resiliencia ante los avatares de la vida política argentina'.
El lamento de Corach es interesante: 'no entienden su plasticidad ideológica para amoldarse a las sucesivas y cambiantes circunstancias mundiales en el contexto de la política y la economía'. Potentes palabras dichas por uno de los cuadros políticos del peronismo dueño de un cerebro muy bien amueblado. La idea de la 'plasticidad ideológica' refleja con fidelidad brutal lo que está haciendo ahora mismo la replegada Cristina Kirchner. Pasaron semanas de silencio, negación neurótica y enfado evidente tras la debacle electoral del 27 de octubre, pero -al final- la realidad se metió por puertas y ventanas. Como quieran maquillarse las piruetas verbales y las puestas en escena, lo cierto es que el país se dirige a 2014 asistiendo a un ostensible cambio de libreto.
Es posible que a muchos les moleste que el Gobierno cambie tan desprejuiciadamente, negando a la vez que lo está haciendo. Pero, como explica el astuto Corach (que durante seis años, de 1995 a 1999, fue ministro del Interior del gobierno peronista de Carlos Menem), 'algunos críticos dirán que esta característica es simplemente una expresión de oportunismo'. ¿Lo es? Viejo lector de Marx y Lenin, Corach sabe de lo que habla tocante a los cambios en muchos gobiernos de diversos ciclos históricos. Pero, sin ir más lejos, Juan Perón fue carnívoro y herbívoro, germanófilo y simpatizante del fascismo hasta mediados de los años 40 y artífice de un acuerdo petrolero con los Estados Unidos en los años 50. Perón fue pro guerrillero y partidario de la concordia, clerical y condonador de la quema de iglesias. Nada nuevo. La Argentina no inventa demasiado en este sentido.
Esta filigrana explica los sucesos de esta semana. Son gravitantes. No deben ser subestimados. Tampoco deben ser sobrevalorados. El kirchnerismo tiene un ADN indómito y recalcitrante y toda esta etapa de modificaciones, en términos de realismo, moderación cordialidad y admisión pragmática de la realidad, bien podría ser apenas un recreo para los dogmáticos que creían ver en esta década un experimento 'revolucionario'.
Pero, ¿acaso no fue el ahora ministro de Economía Axel Kicillof quien se presentó en el Congreso el 20 de abril de 2012 y para, explicar la política de energética del Gobierno, sostuvo que 'dar seguridad jurídica y clima de negocios' eran 'palabras horribles'? Es el mismo cuadro académico que se ha hecho famoso por su autosuficiencia intelectual y sus afirmaciones pautadas por el desparpajo y la deliberada voluntad de ocupar el centro del escenario, auto ridiculizándose a menudo, al asumirse mucho a más a la 'izquierda' de lo que en realidad es. El 8 de setiembre de ese mismo y desaforado 2012, Kicillof fue a '6, 7 ,8' de Canal 7 y dijo: 'Habría que bajar el precio de la chapa y fundir al señor Paolo Rocca'. Rocca es el CEO de Tenaris, líder mundial en la producción de tubos de acero sin costura, además de ser el nº 1 del consejo de administración de Ternium, principal fabricante de diversos de acero de América Latina. Enseguida, el pimpante Kicillof, aclaró: 'pero el Gobierno no lo hará'. Comerá acero, pero Kicillof no devora vidrio.
Fue el 30 de octubre de 2012 cuando el predecesor de Kicillof, Hernán Lorenzino, bramó en un mitin militante '¡jamás vamos a pagarles a los fondos buitres!'. ¡El que cree otra cosa, no ha entendido nada!'. Tras apoderarse de YPF por decreto presidencial, Kicillof se jactó: 'no le vamos a pagar lo que Repsol dice, sino el costo real de la empresa. Dicen que son 10.000 millones de dólares. ¿Y eso dónde está? Los tarados (sic) son los que piensan que el Estado tiene que ser estúpido y comprar todo según el estatuto de YPF'. Era abril de 2012.
El tiempo es otro ahora. Se han ido agotando las bravatas. El Gobierno debe haber entendido que con 'los pibes para la liberación' no se ganan elecciones. Tampoco se resuelven los estrangulamientos evidentes de la economía argentina. El capital (financiero, industrial o comercial) no se maneja con las tonterías adolescentes de las consignas ideológicas para universitarios. El dinero habla en los mercados. Huye o vuelve. Se queda o se va. Invierte o se repliega. Arriesga o se atrinchera. Esto lo supieron hace muchas décadas revolucionarios empedernidos, como Lenin, Mao y Castro. ¿Acaso la Argentina de los Kirchner iba a ser mas 'ortodoxa' que la praxis de los marxistas verdaderos?
Se marcha, pues (y por ahora) a un giro. ¿Cómo llamarlo? ¿A la racionalidad? ¿Al pragmatismo? ¿A la derecha? Conviene no apresurarse; el kirchnerismo ha sido imbatible en convertir a las apariencias en realidades y a las realidades en apariencias. Pagarle a Repsol y hacerse buches con la seguridad jurídica es ahora el nombre del juego. Como en 2014 no hay elecciones, para esta Navidad no habrá 'bono' para jubilados. El Gobierno es gélido en la prosecución de su hoja de ruta, pero los sacudones convulsivos de esta última quincena revelan que hay un proceso interno fuerte y que las modificaciones (no queridas, pero inevitables) responden a una realidad que nada tiene que ver con la pregonada 'profundización de modelo', entre otras cosas porque ya es muy difícil definir a qué llama 'modelo' el Gobierno.
De la mano con la nueva política económica que parece ir balbuceándose, con Jorge Capitanich en la jefatura de Gabinete hay una metamorfosis nada superficial, incluyendo algo de 'diálogo' con los opositores, un sacerdote católico (eso sí, kirchnerista) en la Sedronar y, sugestivamente, el aparente ocaso del insumergible Marcelo Araujo, la estrella de Fútbol para Todos y para Todas. ¿Es importante que, eventualmente, se desplace a un relator de fútbol de la TV oficial? En un país sofocado de 'relatos', sí lo es, pero, atención: los relatores relatan lo que sucede en la cancha, mientras que los partidos los ganan los jugadores. O los pierden.