Cuando se cumplen dos meses de la Presidencia de Javier Milie y en medio de la primera crisis de su gobierno, el consultor político Carlos Fara analiza la gestión del libertario.

Es un buen momento para hacer un balance de la gestión de Javier Milei. No solamente porque cumple exactamente dos meses de gobierno, sino porque además lo encuentra con una crisis, la primera gran crisis política de su gobierno, al caérsela parcialmente, o por ahora, la ley ómnibus.

El primer punto a destacar es que está claro que el gobierno necesita aprendizajes políticos. Parecía que algunos los había hecho con la aprobación de la “Ley ómnibus” en general, pero no se percató de que esa era solamente una parte de la cuestión, que necesita armar una mesa de cinco patas para tener una mayoría cómoda en diputados, y eso se armó con la UCR, el PRO, Miguel Ángel Pichetto y los gobernadores federales, además de la Libertad Avanza- Y que si una de esas cinco patas se rompe, entonces todo entra en un tembladeral.

Y esa debilidad necesita, digamos, mayores y mejores negociaciones globales. Por eso el gobierno, al no establecer una gran negociación con una parte de los gobernadores que disciplinen a sus diputados y a sus senadores, lo que terminó sucediendo es que dejaron a la buena de Dios la votación en particular y la ley por ahora se cayó.

Mecanismos institucionales: el Congreso y la Justicia

Ahora el gobierno no es que solamente el más débil parlamentariamente desde el 83, sino que además es un gobierno nuevo y de alguna manera un cierto experimento político, y eso implica una toma de conciencia sobre la necesidad de aceitar la relación con diversos mecanismos institucionales.

Porque hasta acá no es que solamente se cayó la ley ómnibus porque dio contra el frontón del Congreso, sino que también está en riesgo buena parte del DNU porque, también se chocó contra el frontón de la justicia. Los grandes procesos de reforma habitualmente necesitan de mucha habilidad política y de algunas picardías políticas institucionales, de las que el gobierno prácticamente no ha dado mayores muestras hasta acá.

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La relación con el PRO

El PRO se jugó una carta importante porque está claro que Milei va a ser un interrogante todo el tiempo. Y también es cierto que Macri seguramente pondrá sobre la mesa ciertas cláusulas gatillo. Esto significa: en qué condiciones siguen en el gobierno y en qué condiciones romperían con el gobierno. Ese es un tema complejo porque si Mieli no se autolimita y de alguna manera se mete a las limitaciones que le plantee por lo menos Macri, eso implicará una crisis política mayúscula en un momento dificultoso que puede tener que ver no solamente con errores políticos o estratégicos como fue ahora pasó con la ley ómnibus sino que también puede venir del manejo de la economía.

Y el manejo de la economía hoy está más allá de las ideas de Mieli en manos de dos funcionarios que ya formaron parte del gobierno de Macri que son el ministro de Economía y el presidente del Banco Central. Si a Milei le va mal, el PRO va a pagar costos, pero de alguna manera Macri confía en que él va a convertirse en el gran arquitecto político de este segundo tiempo de intento de reformas pro-mercado en la Argentina.

Dicho esto, lo otro que hay que señalar es que tener al PRO es mejor que no tenerlo en un acuerdo más formal, que también le pone algunas restricciones a Milei. Pero el tema es que con eso solo, en el Congreso no alcanza. Con lo cual, si hay un pequeño grupo de legisladores que son el fiel de la balanza, pueden cobrar muy cara su ayuda a que el gobierno establezca mayorías, por lo menos en diputados, para aprobar leyes importantes. Y después viene el Senado, que es otro capítulo, porque, de vuelta, al no haberse establecido un acuerdo político global, el Senado por ahora está a la buena de Dios, dicho por los propios protagonistas que de alguna manera quieren colaborar.

De aquí en adelante se abre una nueva etapa, en donde entra en una negociación con el PRO que es positiva en sí misma porque cuanto más capital político acumule de entrada mejor. Milei creyó que podía solo y que con sus negociaciones y su habilidad o la habilidad de su equipo podía avanzar sorteando la propuesta de Macri de una suerte de co-gobierno.

Eso fracasó y entonces ahora Macri le va a tratar de cobrar caro su incorporación al gobierno de manera más formal, que no solamente tiene que ver con el hecho de armar un interbloque en diputados y sumar funcionarios en cargos claves como Vidal o Iguacel, sino que el punto es el pliego de condiciones que ahora impone el PRO para sumarse.

Porque en la medida en que Macri astutamente le propone un co-gobierno, Milei implícitamente se lo rechaza. Y si llega a esta crisis entonces Macri lo que hizo fue esperar a que Milei tuviera la primera crisis. Y la crisis ahora se produjo con una muestra de lealtad por parte del PRO que le votó prácticamente sin fisuras el proyecto en diputados. Entonces ahora entramos en una situación en donde las exigencias pueden ser importantes del PRO a Milei y esto implique desarmar parte del esquema del gabinete (excluyendo a los funcionarios peronistas, masistas, etc.).

Sin casta no se puede gobernar

Resultado, a dos meses del arranque surge un primer barajar y dar de vuelta necesario por parte de Milei. Creo que la apelación del gobierno al tema de la casta versus la gente es relativo, en la medida en la cual sin casta no se puede gobernar.

Está claro que hay casta buena y casta mala dependiendo de lo que vote en el Congreso. Esa es la realidad política. Hay una matemática de la política que pone limitaciones en este caso. Es un argumento político útil de corto plazo, porque después si no aparecen los resultados ya no importará mucho si es con casta o sin casta. La mayoría optó por Milei no por una inclinación ideológica sino por una expectativa de soluciones y una voluntad de cambio.

Dicho esto, lo positivo es que estamos discutiendo sobre la agenda de Milei, y eso es positivo, obviamente. El presidente todavía cuenta con balance favorable en la opinión pública, sencillamente por el rechazo al kirchnerismo, pero no porque haya acuerdo necesariamente con las medidas que está tomando. Ese es un detalle importante.

Y por otro lado, a corto plazo, en esta guerra coyuntural con los gobernadores, puede encontrarse con algunos problemas prácticos. Si se dispara el boleto de colectivo, probablemente haya poca gente que pueda pagarlo, con lo cual está más allá de la puja política, y en todo caso, a la corto o a la larga, la gente se fastidia con la política en general, sin establecer mucha diferenciación entre gobierno y oposición.

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