Es muy probable que el esquema institucional que deja instalado no sea para preparar el regreso a plazo fijo, sino para custodiar lo que considera 'su obra'. El armado que ha recreado para su sucesor, que espera sea Daniel Scioli, no necesariamente busque establecer una suerte de cogobierno, aunque sí condicionarlo. Pero bien sabe
Cristina que las libertades para hacer y deshacer de las que ha gozado concluyen el 10 de diciembre. No será ella la que arme las listas para las legislativas de 2017, aunque entonces ella sí decida participar como candidata. Por el contrario, es de esperar que entonces comience a perder parte de la gente que deja hoy en el Congreso, aunque el grueso tendrá mandato hasta 2019. Y
si no es Scioli el ganador, igual deja una nutrida tropa en el Congreso que le hará muy difícil -sino imposible- a su sucesor la promesa opositora de derogar buena parte de las leyes impulsadas por el kirchnerismo. Y habrá también gente propia en resortes clave del Estado que no podrán ser removidos fácilmente y serán los encargados de velar sobre todo por la tranquilidad judicial de los Kirchner.
Una muestra del armado elaborado se vio esta semana, con el desplazamiento del juez
Luis María Cabral de la Cámara de Casación Penal. La medida se consiguió a partir del uso de la nueva Ley de Subrogancias que el kirchnerismo impulsó precisamente para hacer este tipo de cosas. Y el objetivo no se circunscribe a la inconstitucionalidad o no del Memorándum con Irán, sino a detalles tales como que en caso de avanzar causas como la de Hotesur, recaerán en un futuro en esa Cámara. ¿Qué de todos modos está después la instancia de la Corte Suprema? Bueno, pero ese Tribunal está incompleto y esperando el recambio presidencial para que se designe al quinto miembro.
¿Si gana el kirchnerismo los senadores mantendrán el compromiso de no aprobar ningún pliego enviado por esta Presidenta? Lo más probable es que si el oficialismo triunfa, antes de diciembre haya asumido el reemplazante de
Eugenio Zaffaroni. A lo sumo, no será Roberto Carlés, pero sí un elegido de Cristina.
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Cuando a fin de año Carlos Fayt cumpla su compromiso de dar finalmente un paso al costado, Daniel Scioli se mostrará refractario a las sugerencias kirchneristas? Difícil, así que para los primeros meses de 2016 la Corte Suprema podrá haber modificado sustancialmente el sentido de sus votos.
Esto es, si gana Scioli. Por eso ese es el objetivo que se ha propuesto Cristina, quien se abstuvo de formar parte de las listas, pero se ha puesto al frente de la campaña. Lo mostró plenamente el jueves, desde La Pampa, cuando por cadena nacional hizo anuncios y alusiones para cada uno de los distritos donde próximamente habrá elecciones. Ponderó a Aerolíneas, para ensalzar la figura de su candidato a jefe de Gobierno porteño, y sobre esa elección aludió directamente al debate del día anterior, criticando a Macri y a Martín Lousteau. Tuvo menciones para La Rioja y Córdoba, donde votan en dos domingos, y Tierra del Fuego, en vísperas del balotaje.
Y hablaba en La Pampa, donde el peronismo se dividió para estas elecciones. De eso se acordaron los militantes, que se cansaron de cantar 'para Verna que lo mira por TV', en alusión al senador nacional y ex gobernador, que ya en 2011 renunció a ser candidato luego de que la Casa Rosada decidiera armar las listas que presentaría el peronismo pampeano. Verna y Cristina convivieron en el Senado y nunca se llevaron bien.
A la luz de los hechos, se intuye que como jefa de campaña que Cristina se proponía ser, nunca pensó realmente que una interna definiera al candidato, a sabiendas de que el ganador sería el gobernador bonaerense. ¿Para qué arriesgarse a que dijeran que le había ganado 'al candidato de Cristina'? ¿Simplemente para que Florencio Randazzo pudiera alzarse con dos millones de votos con los cuales pudiera acumular a futuro? No, para él reservaba la gobernación, que a último momento le ofreció y cuyo rechazo no esperaba. Desacostumbrada a que le digan 'no', nadie apuesta a que el ministro perdure en su puesto varias semanas más. Testigos del vuelo de regreso de Rosario por el Día de la Bandera dicen haber escuchado a la Presidenta denostando duramente a su ministro del Interior y Transporte. En cuanto se apague el efecto de su rechazo, no será sorpresa que sea eyectado.