La policía y el servicio de seguridad interior de Israel alertaron ayer sobre la posibilidad de que extremistas judíos puedan aprovechar la visita del Papa a Tierra Santa -del 24 al 26 de mayo- para realizar actos racistas con el fin de atraer la atención de la prensa. Los objetivos podrían ser poblaciones o lugares cristianos donde -reportaron medios locales- las diferentes divisiones de policía deberán aumentar el trabajo de inteligencia y las investigaciones hasta el final de la visita de Francisco. El alerta se produce luego de que días pasados en Jerusalén apareció la leyenda en la pared de la Asamblea de los Obispos en el Centro Notre Dame, en la Ciudad Vieja: "Muerte a los árabes y a los cristianos y a todos aquellos que odian Israel".
El hecho fue condenado con dureza por los obispos en Tierra Santa, que hablan de una "ola de fanatismo e intimidación" contra los cristianos que "continúa".
En abril pasado el Patriarcado Latino de Jerusalén denunció una "ola de violencia anticristianas y actos de vandalismo" en Galilea, a manos de "unos doce jóvenes de entre 13 y 15 años, vestidos como judíos religiosos ortodoxos'. También fue enviada una "carta de amenazas" al Vicariado patriarcal de Nazaret, firmada por un rabino de la zona, luego arrestado por la policía. Frente a los nuevos hechos, el Custodio de Tierra Santa, Pierbattista Pizzaballa, no dudó en calificar la situación de "preocupante" y "más arraigada de lo que pensábamos".
Pizzaballa destacó que "de parte de las instituciones israelíes hay nerviosismo e irritación" frente a tales hechos, pero "la derecha radical israelí ignora todo. Son mundos completamente distintos'. El ministro de Seguridad Pública, Yitzhak Aharonovitch, calificó los actos de racismo antiárabe y anticristianos de "terrorismo". Además mencionó el uso de un instrumento particular contra los presuntos autores como es la detención administrativa que permite el arresto sin una acusación precisa, como sucede normalmente contra palestinos sospechados.
También la ministra de Justicia, Tzipi Livni, consideró "grave" la situación y afirmó haber presionado sobre la policía para detener las agresiones.
En definitiva, el incremento de los actos de vandalismo antiárabes y anticristianos en Israel preocupa a las autoridades, que recibieron numerosos llamados a actuar contra sus autores cuando faltan dos semanas para la llegada del papa Francisco. La hija del primer ministro Yitzhak Rabin, asesinado en 1995 por un judío extremista, comparó ayer su impunidad con la clemencia que encontraron los autores de los llamados al odio hace 19 años.
"El clima actual me recuerda al ambiente de odio que reinaba en el país antes del asesinato de mi padre", declaró Dalia Rabin a la radio militar. Estos actos de vandalismo, calificados de "crímenes de odio" por las autoridades, forman parte de lo que sus autores llaman "el precio a pagar".
Tanto los colonos extremistas como los militantes de extrema derecha intensificaron en los últimos meses sus agresiones contra palestinos, árabes israelíes e incluso contra el ejército israelí, en reacción a decisiones gubernamentales que consideran hostiles a sus intereses o a actos atribuidos a los palestinos. Lugares de culto musulmán y cristianos también fueron objeto de actos de vandalismo.