Las situaciones estresantes de la vida diaria pueden causar alteraciones del deseo, dificultades de erección, episodios de eyaculación precoz o vaginismo. Pero también la presión inconsciente puede provenir de inconvenientes en la relación de pareja
El estrés es uno de los factores que más influye en las relaciones sexuales, pudiendo originar serios trastornos emocionales. Como consecuencia de la exposición a situaciones estresantes, tanto los hombres como las mujeres pueden presentar dificultades para obtener una adecuada respuesta sexual, originando alteraciones del deseo, dificultades en la excitación y en la erección, situaciones de eyaculación precoz, coito doloroso, vaginismo, etc.
Asimismo, una situación sexual puede convertirse o ser evaluada como estresante por múltiples razones, entre ellas el temor al fracaso, excesivas exigencias sexuales, conflictos de pareja, miedo al embarazo o a la transmisión sexual de enfermedades, ansiedad, incapacidad para disfrutar de las sensaciones eróticas, preocupación obsesiva por lograr un rendimiento sexual adecuado, entre otras.
Estar observándose constantemente y no centrarse en disfrutar de la relación, junto con la ansiedad que acompaña a esta situación, pueden provocar la aparición de disfunciones y trastornos sexuales y agravar los existentes.
En general, las primeras relaciones sexuales con una nueva pareja se suelen vivir como estresantes, en especial por el posible desequilibrio entre las demandas de la situación y la percepción de los propios recursos, o como consecuencia del desconocimiento sexual del otro.
Experiencias sexuales anteriores asociadas a miedo, fracaso y frustración, pueden hacer que cualquier estímulo o situación que permita prever o evaluar la inminencia de una relación sexual se convierta en aversiva y se trate de evitar.
Uno de los factores que más degrada la calidad de las relaciones sexuales es el estrés, que junto a la ansiedad pueden llegar a provocar muchos problemas a la hora de hacer el amor.
Dentro de los trastornos sexuales el estrés actúa como amplificador de problemas sexuales que ya tenga la persona y por consecuencia inhibe el deseo.
Un exceso de ansiedad también imposibilita tener relaciones sexuales satisfactorias. La falta de deseo sexual no es un estado pasajero, sino una enfermedad, según la calificación de especialistas en trastornos sexuales.
El estrés puede terminar disminuyendo la líbido, aunque de manera lenta y gradual. La causa está en la testosterona, principal agente del deseo sexual. Si ésta disminuye, también es menor la líbido. Pero además, el estrés hace que aumente el nivel de cortisol en la sangre, una hormona esteroide producida por la corteza suprarrenal.
El alto nivel de cortisol reprime la mayoría de las funciones orgánicas, incluyendo las funciones sexuales y reproductivas. “Siempre que aparecen síntomas de apatía sexual en hombres que solían tener la líbido alta, hay que prestar atención al cansancio, el estrés, el ritmo de vida, los problemas cotidianos y la fatiga, que hacen que los deseos de mantener relaciones sexuales disminuyan notablemente”, manifiesta y asegura Carlos San Martín, terapeuta sexual de la Fundación Sexpol.
Cuando se acumula tensión, si las situaciones superan, se produce un bloqueo. El plano sexual no es una excepción, por ese motivo el estrés influye en el deseo, favoreciendo la apatía e inhibiendo la respuesta sexual.
Para diagnosticar que la inapetencia sexual esté causada por la acumulación de estrés y tensión, hay que tener en cuenta varios factores, según indican los psicólogos especialistas en el tema, entre los que se encuentran la falta de interés en iniciar actividades sexuales, ya sea con una pareja o en solitario, o la frecuencia de las relaciones, si es muy inferior a lo que se puede esperar por la edad y el contexto correspondiente o si es menor que en etapas anteriores de la vida. En cualquier caso, los especialistas deberán descartar que esta persona padezca de depresión.
Cuando los síntomas y el ritmo de vida indican con claridad que el estrés es la causa de la disfunción sexual, hay que tener en cuenta cómo le afecta a cada persona, en lo que tendrá mucho que ver el género de quién lo sufre. Y es que aunque puede afectar tanto a mujeres como a hombres, la respuesta de cada uno es distinta. Así lo explica la psicóloga María Rodríguez: “En los hombres pueden aparecer problemas de eyaculación precoz y disfunción eréctil. La disminución del rendimiento sexual conlleva, además del miedo al fracaso, la disminución del número de relaciones, con lo que el problema se transforma en un círculo vicioso que termina por provocar la pérdida del deseo”.
Nélida Santanna