Hace muchos años y recogiendo comentarios de productores agropecuarios, se nos fijó en la mente un dicho que tenían esas personas. El gobierno provincial, les prohibía “tirar”, las aguas de lluvia a los caminos. Las debían retener, en sus campos. ¿Cómo hacían eso? Era muy simple: araban. Es que luego de levantar la cosecha, “aireaban” la tierra, dando vuelta lo que le llamaban, “pie de arado”. Era lo que se decía, rompían la capa de greda o tierra compactada que impedía, que la lluvia penetrase a las napas subterráneas. Se sabía que algún chacarero estaba haciendo ese trabajo porque miles de gaviotas revoloteaban por sobre el tractor, buscando los gusanos, su alimento. Luego había que pasar el arado y una rastra para dejar “planchadito” el lote. Pero llegó, el “yuyo maldito” y las nuevas teorías. No se aró más, sino que se fumigó los campos con venenos y se ahorraron varias pasadas de tractor. Entonces las aguas de lluvia, contentas y alegres, corrieron por los campos, arrastrando el humus y llevándolo a otros lugares. Si los campos perdieron fertilidad, que apliquen fertilizantes, que los proveen los laboratorios que venden los insecticidas. Círculo cerrado y “papita pal’ loro”
Claudia A. Cash
DNI 10.833.421