Después de muchos, demasiados años, abro un viejo álbum de fotos. Allí me encuentro con gente ¿desconocida?, aunque con mucha similitud a los que todavía me rodean. Y comienzan a rodar cientos de miles de imágenes de lugares en que se estuvo ya que las fotos lo prueban. Pero ¿a quién le interesa? Nuestra forma de pensar en aquellos años es diferente a las actuales. Hasta nuestros hijos no los entienden. Lo mismo que nos ha sucedido a nosotros cuando observábamos las fotos de nuestros antepasados. No lo comprendíamos. Eran personas estáticas ya que la tecnología no daba para más. Hoy, las nuevas generaciones tampoco entienden a la nuestra. Además, esos fueron momentos y recuerdos que solamente sentíamos nosotros. ¡Cómo explicarle a un hijo o amigo, lo que pensábamos/sentíamos cuando estábamos sentados con nuestros padres/abuelos/suegros! Por más que quisiéramos comentarlo no sería posible. Hoy, la fotografía en nada ha cambiado. Si bien se le incorporó el color, ¿cómo darle una interpretación a un tercero, sobre un acto/hecho? Sólo nos ayudará a tener una ayuda de memoria y nadie entenderá nada. Entonces, ¿estar “cargando” de por vida de millones de fotos que nadie las entenderá? No llenemos el saco de cosas que sólo nos interesan a nosotros.
Fanina M. Ferrero
DNI 24.877.440