Los inocentes que juegan con la tranquilidad de la gente y los mayores que les compran los elementos de pólvora para su diversión perturban a los vecinos. Bebés, niños, ancianos y enfermos reciben gratuitamente aterradores impactos y no tienen defensa alguna. Sin considerar solo la cantidad de accidentes quemaduras en ojos, manos, brazos y otras partes del cuerpo que dan una enorme tarea a los hospitales. Debemos considerar que la población no puede ser agredida salvajemente en fechas que, se supone, son de reposo, sosiego y quietud. El contrasentido es evidente y nadie piensa que en una noche de paz, como lo es la del nacimiento del Salvador, pueda festejarse tal acontecimiento con acciones parecidas a la barbarie. Esta constatada la imposibilidad de ejercer verificaciones reales sobre lo prometido y no permitido en pirotecnia. Para terminar con el engendro lo ideal sería prohibir totalmente su uso. Seamos previsores y no esperemos las fiestas de fin de año. Actuemos ahora, con tiempo, para legislar y evitar acciones. Si con esta medida se evita la pérdida de la córnea a un solo niño la tarea estará justificada. Pero sabemos que se salvarán cientos.
Carlos Demarco, Gloria Flores, Carina Cáceres y Margarita Burgos