Es un anhelo de todo argentino que las Islas Malvinas dejen de ser colonia extranjera y se incorporen al país. Se intentó durante años con reclamaciones ante una de las primeras potencias mundiales. Luego se intentó por la fuerza y todos han sido fracasos.
La forma del buen amigo, del buen vecino, de los foros internacionales y los llamados de la Naciones Unidas, tuvieron tanto resultado como esta carta. Pero sólo pensemos si por medio de negociaciones se obtendrá que por voluntad de sus ocupantes decidan incorporarse a la Argentina.
Hoy se vive allí, algo desconocido hasta hace unos años. El estacionar miles de tropas trajo consigo que haya movimiento económico. La pesca y la exploración petrolera crea fuentes de trabajo. Eso es lo que sienten en la piel los pocos habitantes oriundos de las islas.
Han mejorado su estándar de vida. Pero mientras tengamos gobernantes narcisistas y vanidosos nadie querrá formar parte del territorio patrio. Muchas provincias desearían escindirse de Buenos Aires. Se llevan el 21% de todo, devolviendo casi nada. Sobre la producción agrícola, altos porcentajes quedan en la CABA. Al repartir devuelven poco. Las Malvinas son argentinas pero sus ocupantes jamás, mientras estén estos políticos.