Señor director:
Hace 17 años le amputaron una pierna a mi marido, Dante Gustavo Díaz, y en 2012 la otra, porque sufría de diabetes. Nos costó muchos años conseguir las prótesis, pero él nunca pudo caminar porque siempre las hicieron mal. Hace dos años estábamos pidiendo un enchufe para la pierna, para que pueda caminar y no le lastime. Por esta situación, él lloraba todo el día y terminó muriendo el 9 de este mes, sin poder pararse para ir al baño. Llamaba todos los días a Incluir Salud, a La Plata, y pedía por favor. Ya en el último tiempo decía “si no puedo caminar, ¿para qué voy a vivir?” y le entró una fuerte depresión de la que no pudo salir. Yo fui a todos lados, hice lo que tenía que hacer, pero no hubo respuestas. Se murió triste por culpa de ellos. Tenía remedios para tomar de por vida y sólo me los daban un mes cuando me quejaba en tribunales de San Isidro o por medio de la Defensoría. Le sacaron la ambulancia, no le daban silla de ruedas. A él se le coagulaba la sangre y tenía que tomar unas pastillas de por vida y sólo me dieron tres veces. Y era cara, la comprábamos cuando podíamos. Igual que la medicación psiquiátrica: por más que se deprimía, me decían que no había presupuesto. Ojalá esta carta sirva para que no haya otra persona que se muera así, de tristeza.
Marta Villafañe
DNI 5.320.221