Señor director:
El poder corrompe. personas que en su vida diaria son afables, buenos oyentes, comprensivos; al tener poder hay una transformación. Se vuelven soberbias, arrogantes y egocéntricas. Al perderlo, su ego las autodestruye, pero jamás hay un reconocimiento de que el cambio ha estado en ellos. Todos los humanos deseamos ser tratados amablemente, con consideración, sin importar clase social ni económica, sin ningún tipo de discriminación. La humildad siempre es premiada con el reconocimiento de las personas, ya lo dijo un patriota: “Soy por ustedes, y por lo tanto para ustedes”. La soberbia sólo nos conduce a la soledad, la sinceridad hacia la amistad. El poder no solamente corrompe, sino que nos rodea de “amigos” circunstanciales. Personas que anteriormente nos eran desconocidas se nos acercan con alabanzas y loas. Muchas de ellas inmerecidas, pero suenan lindas y agradables a nuestros oídos. El refrán dice: “Detrás de cada gran hombre siempre hay una gran mujer”. ¿Serán gordas todas ellas? ¿A eso se referirá el refrán?
Pedro R. Scott
DNI 92.641.388