Las cosas en la Naturaleza siempre son pausadas lentas y tienen su tiempo fijado. Nunca suceden antes de lo que corresponde. Siempre avisa de lo que hará. El humano siempre necesitó de algo llamado velocidad. Nunca se supo para qué correr tanto y detrás de qué. Hace muchísimos siglos, la gente precisó de ‘algo’ que le diese una razón de ser. Entonces basados en las observaciones, concluyó que las estaciones se repetían cíclicamente e inexorablemente. Estos pensamientos fueron generados en el hemisferio norte, donde estaba la civilización o el conocimiento. Con la creación de religiones, ciertas festividades fueron consideradas paganas y opacaban a las nuevas. Entonces se superpusieron los conceptos tratando de anular a un potencial enemigo. Con el correr de los años aquellos habitantes del mundo boreal, se desparramaron por todo el globo, llevando consigo las tradiciones. Pero eran las del hemisferio Norte. Como en el Sur, las cosas son opuestas a las del otro hemisferio, estamos aquí descolocados. Festejamos el día en que la Naturaleza comienza a morir. Serán seis meses en que las hojas morirán, los animales invernarán para a partir del 21 de junio de cada año, todo comenzar a renacer. Es el día de la Natividad, del renacimiento de las cosas, cuando los días comienzan a alargarse, hasta su ocaso el 21 de diciembre.
Juan R. Bell
DNI 92.061.605