Señor director:
¡Qué increíble! La ciencia y la tecnología nos han solucionado y simplificado la vida. Lo han hecho hasta el punto de que las nuevas generaciones no comprenden cómo hemos vivido de la forma en que lo hicimos. El tener hijos siempre significó que la familia cambiaba, no solamente en cantidad sino en calidad. Es así que el cabeza de familia, al regresar del trabajo, lavaba los pañales de tela y los chiripás. Hoy, desde el auto en marcha, se tiran los descartables. Las horas invertidas por las madres en supervisar las tareas y los estudios para que los hijos tuvieran buenas notas. Los sacrificios que se hicieron para llegar a fin de mes ya que no había ‘bolsón’ ni asignaciones familiares. Pero nos daban educación. ‘¿Respondiste esa carta?’ y ahí había que hacerlo. Hoy la gente se toma revancha y no contesta ni por cortesía. La hora pactada de encuentro es flexible. ¡Qué importan 20 o 30 minutos después! Pero sigue siendo fácil tener hijos. Lo problemático es criarlos en la rectitud. Eso que lo haga la empleada, que trabaja en negro. Los límites, no solamente eran de los países, había para los chicos. Hoy que lo arregle la psicóloga, lo paga la Obra Social. ¿No es lamentable?
Ivonne Henrich
DNI 6.228.941