Señor director:

Hace ya muchísimos años que cursamos los estudios. De una maestra por año pasamos a un profesor por materia y hoy... los “odiamos” por lo que nos enseñaron. De ser gobierno y de mala a pésima calidad, se deberían tomar medidas ya que la enseñanza debería ser modificada. Es que tenemos una “rabia” tremenda ya que nos capacitaron para hacer deducciones. Y eso lo aplicamos a los actos de gobierno. La deducción que sacamos es tan simple que nos extraña de que no se haya visto antes. La igualdad, ¿existe? ¡Ni! Sólo analizamos una de las situaciones de ciertos profesionales. Exponemos. Cometido un “error” se contrata a un profesional, al que le “confesamos” nuestro delito. O sea que se transforma en cómplice, y según lo que sea se hacen cálculos mentales de los honorarios. Desde ese momento a lo único que se dedica su neurona es a ¿qué? A buscar artículos del Código Penal a fin de tergiversar las acciones cometidas y transformar un delito en algo legal y común. O sea que es tratar de engañar al juez y dejarlo “pegado y como bobo” por lo que decida. Pero ¿y la confesión del delito se “perdió”? ¿Qué son? ¿No hay pena para ellos?

Claudia C. Curbelo

DNI 7.773.350

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