Un día, sin desearlo ni pensarlo, comenzamos a despedirnos de este mundo. Pero, ¿nos damos cuenta? No. Para nosotros todo sigue igual, y bien. Los otros dicen que estamos mal, que estamos enfermos mentalmente. Comenzamos a olvidar los hechos cercanos, no los que tenemos guardados. ¿Será que se llenó todo lo que teníamos? Y antes de entrar en ese nuevo mundo pensamos en lo estúpidos que hemos sido casi la mayoría. Hemos buscado vida en otros planetas y desconocemos casi la mayoría de lo nuestro. ¿Sabemos si hay alma y/o espíritu? Eso que lenta, pero inexorablemente nos va invadiendo, tampoco sabemos las razones por qué sucede. Pero no nos damos cuenta de que nos comenzamos a ir. ¿Deberíamos empezar a despedirnos de nuestros allegados y familiares? Es que tenemos temor de pasar a ser un estorbo, algo molesto y muy molesto. Pero, ¿qué hacemos? Por principios religiosos y ancestrales no podemos tomar decisiones drásticas. Pero desconocemos e ignoramos lo que sucede a nuestro alrededor. Nos estamos yendo de a poco, ya comenzamos a no ser nosotros y sólo nos queda llorar a la noche. Es que está, se nos acerca y ¿a dónde iremos? Nosotros, no lo sentiremos, así que... “¡Adiós amigos! Hasta siempre”.
Gisela Rodríguez
DNI 11.438.020