Existen dos autoridades responsables de la violencia en el fútbol: los árbitros que dirigen los partidos y son garantes de la conducta de todos los participantes del encuentro, incluidos los asistentes que permanecen en los bancos de suplentes, entrenadores, cuerpo médico, etcétera; y los dirigentes que tienen la misión irrenunciable de proveer todas las acciones necesarias para el normal desarrollo de este deporte. Cuando los fallos de aquéllos no concuerdan con la realidad de los hechos en un partido, ponen en juego su eficiencia e imparcialidad y se convierten en responsables y creadores de los procesos de disconformidad de los espectadores, muchos de ellos proclives a los desmanes de los más exaltados, que al ser reprimidos por la autoridad policial, provocan la violencia que estamos acostumbrados a soportar... y también llegan a decidir un resultado, el rendimiento de un equipo y hasta el destino de más de un director técnico. Otra muy grave culpabilidad recae en muchos ‘dirigentes ventajeros’, verdaderos creadores de las ‘barras bravas’, a las que utilizan para sus ambiciones electorales y después se ven desbordados por las exigencias de todo tipo a que son sometidos. Estos dirigentes debieran realizar un fuerte ‘mea culpa’ y dedicarse a otra cosa.
Héctor Juan Domínguez
DNI 5.548.687