La velocidad con que corren los días es diferente. Cuando jóvenes, las horas eran más largas, nos daba el tiempo para miles de cosas y muchas veces hasta llegábamos a aburrirnos. Poco a poco, se nos fueron adicionados obligaciones y el tiempo se comenzó a acortar. Que no teníamos tiempo para estudiar, para hacer mandados o para bailar. Ya grandes comenzamos a ver la posibilidad de comprar más tiempo. Aunque fueran un par de horas más por día. Es la cantidad de tareas que teníamos, no nos dejaba tiempo, para cosas “superfluas” como ser escuchar a los “viejitos”. Siempre correr y apurar los días, horas y minutos. Deseamos que los meses lleguen pronto ya que debemos pagar ciertas cuentas. La tarjeta nos apura, la compra aquella en cuotas de aquello que ya ni existe, hace, que esperemos el día de pago. Y al llegar, repartimos el dinero a lo millonario, pero son solamente migajas. Todo se evaporó. Y nuevamente comenzar a apurar los tiempos, hasta el próximo cobro de sueldo o jubilación. Y no vemos que solamente estamos apurando el final. Nuestros compromisos sociales, nos empujan a acelerar las fechas. No apuremos los tiempos. Son todos iguales y ya vendrán en su momento.
Carlos J. Delacroix
DNI 12.877.831