Desde que estoy jubilado vivo feliz y contento. Como todo lo que quiero. Y tomo mi medicamento. Puedo viajar por el país y también cruzando el mar. Puedo viajar en avión porque tengo un corazón sano. Gasto todo lo que quiero. Compro todo lo que me gusta. Así, ya sé. Usted estará pensando que este hombre está soñando. Eso lo pude comprobar en el momento de ir a cobrar. Pienso que los homenajes a las personas que se lo merecen se deben dar en vida. El señor Juan Carr es una de esas personas que siempre está atento para tratar de dar ayuda a quien lo necesita. Una persona que merece un gran reconocimiento es Margarita Barrientos, a quien la escritora Perpetua Flores, le dedicó una poesía y en ella se puede ver todo lo que hace por la gente. Tiene las manos ásperas de exponerlas a vientos de timbres sordos sin ecos y a otros timbres atentos. Tiene las manos gastadas. La lucha es su elemento. Tiene las manos llenas y las vacía al momento. Tiene las manos tibias, por dos mil platos calientes, ropas, libros, remedios que da a seres ambrientos. Tiende a todos las manos de ayudar en su intento. Son buenas, mansas y blancas de agua y leche sedientos. Empalmemos nuestras manos con un aplauso y aliento a las manos siempre limpias de Margarita Barrientos. Muchísimas gracias.