El médico Ignacio Berra desarrolló una prótesis miniaturizada para regenerar tejido. Es ensayada en un modelo animal y podría servir para tratar el acortamiento congénito del esófago.

El hospital Garrahan no deja de sumar reconocimiento y de sorprender a la hora de repasar el personal médico que integra su plantilla. Ahora la novedad que anunciaron desde la gerencia del Hospital es que un miembro del equipo de Trasplante Cardíaco del Hospital es parte de un grupo internacional de investigadores que desarrolló un implante robótico miniaturizado para regenerar tejido. Se trata del cirujano Ignacio Berra quien esta vez se destacó por este trabajo, realizado en Estados Unidos y ensayado con un modelo animal, que podría servir para tratar el acortamiento congénito del esófago. El dispositivo hasta ahora logró alargar el esófago en cerdos, pero, en el futuro, podría usarse para corregir defectos congénitos de ese y otros órganos en bebés, niños y adultos. El estudio acaba de ser publicado en la prestigiosa revista ‘ScienceRobotics’.

Los investigadores, liderados por el doctor Pierre Dupont, del Hospital de Niños de Boston, diseñaron dos anillos biocompatibles de 30 milímetros de diámetro que realizan automáticamente fuerzas de tracción sobre el órgano en el que se implanta. ‘La fuerza de estiramiento que genera el robot produce la regeneración del tejido esofágico mediante la inducción de células madres hacia la diferenciación de células esofágicas’, explicó Ignacio Berra en el portal oficial del Hospital.

El doctor Ignacio Berra, cirujano cardiovascular del Hospital Garrahan, junto a la empresa Lew Argentina, ya había sido premiado el año pasado cuando ganó el Premio Innovar 2017 justamente con el proyecto que permitirá aumentar la cantidad de donantes cardíacos en pediatría. El proyecto que desarrolló y que le permitió quedarse con semejante galardón, es una máquina que se encuentra en fase investigativa aún y que permitirá la perfusión ex-vivo de corazón en normotermia. ¿Qué es eso? Esto quiere decir que se mantiene latiendo un corazón fuera del cuerpo donante para estudiarlo, mejorarlo y aumentar el tiempo que puede pasar hasta el trasplante. Así, posibilita la mejora de corazones donados que, en la actualidad, se descartan.

‘Cuando hablo del ‘tacho de basura’ la idea es agarrar ese corazón, ponerlo en una máquina fuera del cuerpo para que le pase sangre del mismo donante, con la misma identidad inmunológica que el órgano. Empieza a latir afuera del cuerpo. Le pasás nutrientes, le pasás sangre, que tiene que ser en forma de pulsos, simulando la fisiología del cuerpo, y a temperatura corporal’, detalló en su momento.

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