Un programa promovido por el gobierno de la Ciudad desde hace casi quince años cuida a los alumnos de entre 5 y 6 años con el objeto de detectar problemas tempranamente.

El control de la salud visual en los niños es una prioridad para el Gobierno de la Ciudad por lo que desde allí se promueve intensamente un programa destinado a la detección temprana de cualquier problemática referente a este sentido en los niños en edad escolar.

La visión es uno de los sentidos más importantes ya que desde la misma los niños conciben una imagen de sí mismos, que les sirve reforzar su autoestima y vínculos sociales. Por ello, el programa de Salud Visual “¿A ver qué ves?” provee una revisión oftalmológica de los niños de entre 5 y 6 años que inician la escuela primaria, debido a que se estima que a los 8 los ojos alcanzan su grado máximo de desarrollo.

De esta manera, unos 20 mil alumnos que cursan el primer grado de las escuelas públicas de la ciudad son atendidos cada año por médicos oftalmólogos especializados y enfermeros que pertenecen a los hospitales Lagleyze y Santa Lucía, que trabajan codo a codo con los coordinadores operativos de Educación y Salud, y con los docentes.

Estos equipos recorren los 472 establecimientos educativos primarios de lunes a viernes en los turnos mañana y tarde durante los meses en los que se dictan clases para cumplir el objetivo de controlar la agudeza visual de los niños que concurren a los mismos.

Por el programa, que fue creado en 2003, han pasado desde entonces 244.563 alumnos, de los cuales 39.157 han recibido sus anteojos. En promedio, entre 11 y 12 por ciento de los chicos son diagnosticados con defectos refractivos como el astigmatismo, que es la patología más común. En tanto, un 2 por ciento de los alumnos son derivados a instituciones especializadas en oftalmología de los hospitales públicos debido a que requieren tratamientos más prolongados.

Trabajo por etapas

Cinco son las etapas del programa “¿A ver qué ves?”, y en la primera de ellas se organiza un taller con los directivos de la escuela para efectuar la entrega de material didáctico para trabajar en el aula, el tríptico de control y las cartas para informar a las familias de los menores.

En la segunda etapa, los oftalmólogos miden la agudeza visual de todos los alumnos y alumnas. El examen consiste en la lectura de un cartel de prueba con gráficos de diferentes tamaños (Cartilla Snellen) y permite determinar su los niños necesitarán realizar una segunda prueba que consiste en la dilatación de las pupilas para la realización de una refractometría. En presencia de un adulto responsable, se le practica al niño este tipo de estudio para comprobar si necesita o no anteojos.

En la tercera etapa, pasantes de las escuelas de óptica ayudan a los alumnos a los que le fueron recetados anteojos a elegir el armazón y luego derivan los encargos a las tres Escuelas Técnicas especializadas en óptica de la Ciudad de Buenos Aires. Por su parte, los oftalmólogos conversan con los niños acerca del cuidado y la correcta utilización de los anteojos.

La cuarta etapa consiste en la distribución y entrega de los anteojos recetados a los alumnos en un sobre que cuenta con información sobre el cuidado de los mismos.

En la quinta etapa, se notifica a la escuela con un informe detallado del estado visual de cada uno de los alumnos que pasaron la revisión.