Desde Dinamarca llegó a nuestro país una iniciativa solidaria con fines terapéuticos para acompañar el crecimiento de los prematuros y los días que permanecen dentro de los centros de salud.

Los bebés prematuros suelen pasar varios días, semanas y hasta meses internados en el sector de neonatología. Es sin dudas un etapa muy dura no solo para los bebes sino también para sus padres quienes desesperados siempre buscan la manera de poder ayudar para una rápida evolución. En ese sentido es el Hospital Penna, ubicado en la Avenida Almafuerte, en Parque Patricios, el pionero en incorporar una técnica que nació en Dinamarca y que de a poco comienza a extenderse al mundo.

“Abrazos de pulpito” se llama el proyecto que tiene cuatro años de vida y que nació en ese país de Europa y se trata de tiernos animalitos coloridos de crochet tejidos por manos solidarias con fines terapéuticos. Según la palabra del doctor Guillermo Villani, neonatólogo del Penna, lo interesante de este proyecto es que le ‘recuerda al bebé una de las tantas experiencias intrauterinas que todavía necesita, generando un impacto directo en sus signos vitales como son la frecuencia cardíaca y respiratoria, la temperatura corporal y la saturación del oxígeno, todos indispensables para su desarrollo neurológico‘.

En las redes sociales se puede ver un video que subieron los papás de Eitan e Isabella, los primeros recién nacidos en ser abrazados por estos peluches, donde queda registrado que apenas colocaron los pulpitos en sus cunitas la atracción fue inmediata, con sus pequeñas manitos tomaron sus tentáculos aferrándose a ellos.

“Un estudio demostró que los tentáculos de colores, recrean el cordón umbilical, en contacto el bebé, logran bajar el estrés y ayudan a la recuperación. Los prematuros al nacer creen que están todavía en el vientre de la madre y estos elementos los hacen sentir más seguros y les facilitan la respiración‘, afirmó la doctora Graciela Breccia, jefa del departamento Materno Infanto- Juvenil del Hospital Penna. Los animalitos confeccionados por voluntarios cumplen con un estricto protocolo de confección, en cuanto al tamaño, la longitud de los tentáculos y las normas de higiene, para luego ser usados.