Se realizan en yates o catamaranes de lujo y apuntan a un público de alto nivel adquisitivo que puede pagar entradas de unos 500 pesos, mil por pastillas de drogas de diseño y 150 por una botellita de agua mineral.

El ingreso a cada navío se realiza de manera puntual, en un punto fijado con anticipación.

En cada evento pueden formar parte hasta 150 personas, que pagan entradas de unos 500 pesos.

Se trata de un fenómeno cada vez más creciente de “Fiestas VIP” que se desarrollan en embarcaciones como yates o catamaranes de lujo, en el Río de La Plata. El negocio más rentable es la venta libre de alcohol y estupefacientes, mientras se aprovecha la dificultad de los controles para las fuerzas de seguridad. Se calcula que cada fin de semana se desarrollan unas 80 fiestas con estas características, de alto riesgo para los concurrentes.

Así lo indicó Claudio Izaguirre, titular de la Asociación Antidrogas de la República Argentina (AARA), precisando que “el fenómeno de estas fiestas VIP en barcos surgió cuando empezó a controlarse un poco más el problema de las fiestas electrónicas, sobre todo con el desastre de Time Warp, la fiesta en Costa Salguero donde fallecieron cinco jóvenes por sobredosis de drogas de diseño”.

“Ese momento terrible fue una bisagra, porque las fiestas con personas de clase media alta o directamente de clase alta se diversificaron. Empezó, entonces, muy fuerte la organización de eventos VIP en embarcaciones en el Río de la Plata, para gente con recursos económicos importantes, que pueden gastar 500 pesos de entrada y botellitas de agua a 150 pesos cada una, para acompañar el consumo de pastillas, que pueden tener un costo de 1.000 pesos la unidad”, dijo el especialista.

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De acuerdo al seguimiento que viene realizando esta organización no gubernamental, los concurrentes a estas fiestas ilegales abordan las embarcaciones alrededor de las 21 horas, para descender al día siguiente aproximadamente a las 5 de la mañana. Las naves tienen sus puntos de encuentros desde Olivos hasta Tigre.

“Son fiestas que se organizan para un público muy exclusivo, con alto poder adquisitivo. Gastan mucho dinero durante esas 8 horas de promedio que pasan arriba de las embarcaciones, en entrada, alcohol y drogas. Para las fuerzas de seguridad es muy complejo controlar, porque siempre la excusa es que se trata de una fiesta privada, y resulta dificultoso conseguir una orden judicial para abordar los barcos”, expresó Izaguirre.

En ese sentido, señaló que “justamente estos impedimentos técnicos para evitar problemas en los eventos ilegales son conocidos por quienes los organizan, y también, hay que decirlo, por las personas que asisten, ya que tienen la certeza de que podrán consumir sustancias libremente, sin los controles que podrían llegar a tener en otros espacios, como discotecas o incluso en fiestas ilegales en quintas, donde tampoco hay seguridad oficial, pero al menos se hacen en tierra, con acceso rápido a hospitales en caso de emergencias”.

Es necesario decir que los eventos ilegales en barcos son realmente de altísimo riesgo para los concurrentes, que pueden tener problemas severos con el consumo extremo de sustancias o, a partir de esas intoxicaciones agudas, caer al río. Desde la Asociación Antidrogas de la República Argentina pedimos a las autoridades que profundicen controles, pero al mismo tiempo pedimos a la sociedad que tome conciencia y deje de alimentar este negocio oscuro”, cerró Izaguirre.

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