Cuando en plenas fiestas de fin de año el líder del PRO, Mauricio Macri, dijo que el escenario que imaginaba para las elecciones es un balotaje entre él y el gobernador Daniel Scioli, no hizo más que contar en público lo que desde hace tiempo sostiene en privado.
En efecto, no trazó un diagnóstico arbitrario, ni tomado de los pelos: es lo que con su equipo pronostica y el escenario para el que trabajan con el fin de llegar al poder.
Un escenario similar planifican en el massismo. También en privado, el líder del Frente Renovador y sus equipos se imaginan el 24 de noviembre disputando el balotaje con el mismo contendiente: Daniel Scioli.
Cierto es que el panorama de unos y otros no es muy diferente de lo que hoy dicen las encuestas, que plantean que como están hoy las cosas, ningún candidato califica para asegurar que pueda darse lo que establece el artículo 97º o el 98º de la Constitución nacional.
El primero dice que "cuando la fórmula que resultare más votada en la primera vuelta hubiere obtenido más del 45% de los votos afirmativos válidamente emitidos, sus integrantes serán proclamados como presidente y vicepresidente de la Nación". Hoy ningún candidato araña ese porcentaje.
Mientras que el más accesible artículo 98º señala que "cuando la fórmula que resultare más votada en la primera vuelta hubiere obtenido el 40% por lo menos de los votos afirmativos válidamente emitidos y, además, existiere una diferencia mayor de 10 puntos porcentuales respecto del total de los votos afirmativos válidamente emitidos sobre la fórmula que le sigue en número de votos, sus integrantes serán proclamados como presidente y vicepresidente de la Nación".
Como hoy por hoy no hay nadie que tenga seguro ganar en primera vuelta, todo indica que por primera vez los argentinos utilizaremos el recurso con el que acaban de definirse las elecciones en Brasil y Uruguay, sin ir más lejos.
Las encuestas conocidas también dan escenarios en los que el sucesor de Cristina Kirchner se definiría entre Sergio Massa, Daniel Scioli y Mauricio Macri. En general, las mismas vienen marcando ese orden. Pero amén de las alteraciones según sea el que mide, quien siempre figura entre los dos primeros es el gobernador bonaerense.
Convengamos que el Frente para la Victoria tiene ocho precandidatos presidenciales: el mencionado Scioli, Florencio Randazzo, Sergio Urribarri, Julián Domínguez, Aníbal Fernández, Agustín Rossi, Juan Manuel Urtubey y Jorge Taiana, pero obviamente el primero de ellos está más despegado del resto. En tren de descarte, el ministro del Interior y Transporte es el rival más encumbrado para pelearle la candidatura al gobernador bonaerense, y no pierde las esperanzas de definir en un mano a mano directo en las PASO. Así las cosas, el hombre de Chivilcoy es otro de los que se imaginan definiendo con el ex motonauta.
Pero volvamos a octubre, donde los opositores más encumbrados se plantean una final con el gobernador. "Veo una segunda vuelta entre la propuesta de cambio del PRO y el oficialismo representado por Scioli", señaló hace una semana el jefe de Gobierno porteño, que ve como su principal rival a Sergio Massa, un sentimiento recíproco, pues uno y otro saben que abrevan del mismo caudal electoral y por lo tanto en lo que pierda su adversario está la llave de su victoria. Una victoria que, en principio, pasa por figurar entre los dos primeros lugares de las elecciones del 25 de octubre. Es justamente lo que buscaba hace doce años Néstor Kirchner, el hombre elegido por Eduardo Duhalde para vencer a Carlos Menem. La de noviembre será otra elección y para esa instancia usarán otra artillería.
No habrá que esperar que para las PASO, o las elecciones de octubre los candidatos se ensañen con Daniel Scioli, con quien además tienen buena relación personal. Pero no dirán ni siquiera las críticas que le dedican en privado, reservándolas para la instancia definitiva. Pasa que los votos que pueda perder en primera instancia el Frente para la Victoria no irían a manos de sus principales rivales.
Ningún encuestador vislumbra hoy una definición entre Massa y Macri; es uno u otro, definiendo con el candidato oficialista, que contaría con la base del núcleo duro kirchnerista -estimado en al menos un cuarto del electorado-, más el extra propio que pueda aportarle la figura del candidato. Y así será, estiman los analistas, a menos que la economía se desbarranque, el gobierno nacional haga agua y con ello las aspiraciones del candidato oficial.
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