Podrá o no Macri tener intenciones de buscar un "segundo tiempo"; pero sí considera tener derecho a seguir influyendo en JxC, pero sobre todo en el PRO.

Muchas chanzas suelen hacerse con el radicalismo a partir de su reconocida afinidad por las internas. Si hasta se suele ironizar con aquello de que para el partido centenario, gobernar es un tránsito tortuoso entre elección y elección. Como sea, habrá que reconocerle al partido que ayer cumplió nada menos que 130 años el hecho de ser el único en la Argentina que suele someterse a la gimnasia partidaria de elegir democráticamente a sus autoridades. Sin ir más lejos, en marzo pasado realizó -en pandemia- una ponderada interna en la enorme provincia de Buenos Aires para renovar al Comité Provincia.

Pero hoy los radicales miran azorados cómo la fiebre internista no los consume esta vez a ellos, sino a sus principales socios en Juntos por el Cambio, el PRO. El partido fundado por Mauricio Macri, nutrido en gran medida por gente proveniente del radicalismo y el peronismo, funcionó con una disciplina admirable durante su meteórica carrera hasta la presidencia de la Nación. Tránsito que le demandó apenas 13 años. Y se encontró entonces con una crisis de crecimiento, al pasar a gobernar -con socios, pero con ellos a la cabeza- nada menos que la Nación, CABA y provincia de Buenos Aires. Hoy retiene solamente su bastión, y desde allí hasta hace apenas un puñado de días quien allí gobierna se consolidaba día a día como el candidato natural de la principal oposición para las elecciones de 2023. Hoy Horacio Rodríguez Larreta sigue siendo el político con mejor imagen, pero habrá que estar atentos a cómo impacta en las encuestas la incursión del jefe de Gobierno en una dura puja de poder dentro de su propio partido.

La actualidad es difícil de entender dentro del PRO, donde hasta hace poco tiempo todo parecía encaminado con naturalidad hacia la probabilidad muy cierta de regresar al poder, en el marco de la alianza Juntos por el Cambio donde ese partido es el que reúne a las figuras más taquilleras. Consciente de haber dejado el poder con un nada desdeñable 41% de votos, pero una imagen negativa concluyente, Mauricio Macri se mostraba dispuesto a apoyar, sin mayor interés por regresar al poder, aunque íntimamente añore un "segundo tiempo". Con el oficialismo obsesionado por subirlo al ring en la campaña electoral, se manejaba en su nombre quien él designó como presidenta del partido, Patricia Bullrich, y cuyas reconocidas aspiraciones comenzaron a generar inquietud y recelo en el "candidato natural".

Si bien María Eugenia Vidal -otra de las presidenciables del espacio- estaba decidida a estirar al máximo el suspenso en torno a su destino electoral, hace rato que se sabe que será candidata en la Ciudad. Con el aditamento de conocerse además que no quiere saber nada de volver a la Provincia. Liberada de su dependencia de Macri, a quien considera que apoyó siempre y le jugó limpio, lo suficiente como para poder ahora hacer su camino, ha reestablecido su sociedad política con Rodríguez Larreta, que la quiere "sí o sí" de candidata en la Ciudad.

En rigor, la exgobernadora no quería blanquear con tanta antelación el retorno a su distrito original, pero la insistencia de Patricia Bullrich a encabezar la lista en CABA y la obsesión del jefe de Gobierno por obturar la candidatura de la jefa del PRO terminaron jugándole en contra a Vidal, que en cualquier caso hubiera preferido saltear esta elección y reservarse para 2023 como opción presidencial, cosa que ya no oculta. El tema es que las circunstancias le han jugado muy en contra y, como Larreta, saldrá golpeada de esta controversia por la interna. Ya hay quienes imaginan un debate con Leandro Santoro, legislador porteño que tiene la doble condición de ser un reconocido albertista y kirchnerista, pero sobre todo hábil declarante, recordándole a Mariú su promesa de "no abandonar" a los bonaerenses. Porque dicho sea de paso, todo indica que Santoro terminará siendo el candidato del Frente de Todos en el distrito porteño.

En el PRO son mayoría quienes no entienden la razón por la que la exgobernadora decidió alejarse así del distrito que gobernó 4 años. Le recuerdan que Cristina perdió las elecciones de medio término en la Provincia y así y todo hoy está donde está, pero ese es un argumento que no termina de convencerla. A diferencia de Macri, que en las generales de octubre acortó la brecha con los Fernández respecto de las PASO, Vidal quedó a 14 puntos de Kicillof, y ese fue un duro golpe a su autoestima. Íntimamente cree que un resultado similar le pondría techo a su carrera política, por más que sea la candidata más taquillera de su espacio en el principal distrito del país. No quiere ser la Daniel Filmus de la provincia de Buenos Aires.

¿Y si los planetas se alinearan de modo tal que ganara en la Provincia? Inmediatamente se convertiría en candidata presidencial para 2023 ¿Será por eso que Larreta la prefiere como virtual sucesora en CABA?

Mauricio Macri le pidió el viernes al jefe de Gobierno que haga lo necesario para el desmadre en los dos distritos en los que ha decidido intervenir con candidatos propios. En rigor, el pedido original fue que resignara una postulación. HRL insiste en que Vidal encabece en la Ciudad y Diego Santilli en la provincia. El día anterior el jefe de Gobierno había dado una demostración de fuerza al alinear a los principales intendentes del PRO y "La Territorial" -los "sin tierra" del partido- apoyando al vicejefe de Gobierno porteño. Presidente del partido en la Provincia, Jorge Macri se quedó casi sin respaldos. Solidaria, al día siguiente fue a visitarlo Patricia Bullrich y se encargó de difundir las fotos del encuentro. Ella ha hecho saber que quiere encabezar y no tiene problema de ir a interna (en su lista lo secundaría Luis Brandoni). No así María Eugenia Vidal: ella quiere una lista de unidad y así se lo hizo saber a Macri ayer en la reunión de dos horas que tuvieron en la quinta Los Abrojos. Le pidió convencer a Bullrich.

¿Elisa Carrió encabezando la lista bonaerense, secundada por Santilli, apaciguará los ánimos? La líder de la Coalición Cívica se ofrece como prenda de unidad. Bullrich rechaza ser tercera en una lista de unidad, pero tampoco está dispuesta a romper. Aunque podría cansarse y no ser candidata a nada, con todo lo que ello podría conllevar.

Seguirán negociando para que la sangre no llegue al río, y hay quienes imaginan a Patricia Bullrich en el Congreso presidiendo el bloque PRO, pasando en ese caso Cristian Ritondo al Ejecutivo porteño. Como ministro de Seguridad de la Ciudad, en una cartera que se desdoblaría, quedando Justicia para Gustavo Ferrari, a instancias de María Eugenia Vidal.

Como sea, esta excursión de Larreta por el barro de la política partidaria no le saldrá gratis. Habrá pasado de ser el candidato natural de su partido, a ser el candidato de un sector. Algo que se da de bruces con la propia biografía del jefe de Gobierno. Toda una sorpresa.

Para verdadero regocijo del oficialismo, que por cierto no tiene demasiado para festejar en estos días, salvo la llegada ahora sí fluida de vacunas aunque no de segundas dosis de la Sputnik V. La felicidad nunca es plena para Alberto Fernández.

Ni mucho menos en materia económica. Mientras el dólar blue ha iniciado una sorpresiva carrera ascendente, la Argentina acaba de ser calificada en una categoría realmente inesperada. Y todo tiene que ver con todo. Veníamos de ser declarados en tiempos de Macri "país emergente"; esto es, para la calificadora Morgan Stanley Capital International (MSCI) evolucionábamos de ser una economía de bajos ingresos a convertirnos en un país desarrollado, lo que implica no solo una mejora en el nivel de ingresos por habitante, sino de su calidad de vida. En ese escalón están países como Brasil, Chile, Colombia, México, Grecia, Kuwait, Rusia o Sudáfrica.

En el gobierno presumían que descenderíamos seguramente a la categoría de "mercado de frontera". O sea, un país en vías de desarrollo más avanzado que los países menos desarrollados, pero demasiado pequeño para ser considerados mercado emergente. Como Croacia, Islandia, Serbia o Vietnam.

Pero nos fuimos al descenso, a una categoría en la que juegan Jamaica, Panamá, Trinidad y Tobago, Bosnia y Herzegovina, Bulgaria, Malta, Ucrania, Botsuana, Zimbabue, Líbano, Palestina, y ahora nosotros. Nos declararon "mercado independiente", término que en español suena mejor de lo que en realidad es, y que el periodista económico Willy Kohan interpreta como "decir que en la playa no hay bañero". Teniendo en cuenta que es una categorización muy atendida por quienes buscan hacer inversores, se entiende la complicación que implica que nos vean y consideren así. El término en inglés es "standalone", que otro periodista, Miguel Wiñasky, "tradujo" con crudeza: "Arreglate solo".

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