El dirigente de Juntos por el Cambio, que se incorporó a la política hace cuatro años, considera que el "gran cambio cultural" evidenciado desde 2015, va a permitir su reelección. "No hay vuelta atrás", sostuvo

Afirma que no se siente cómodo en la comodidad, que necesita de nuevos desafíos y que lo motiva levantarse cada día "sabiendo que le vamos a resolver los problemas a los vecinos". Martiniano Molina espera seguir gobernando Quilmesotros cuatro años y seguir contribuyendo "a cambiar la lógica de la política".

"Vivo en el mismo lugar donde siempre viví, en el río, con mi familia y viendo a los amigos de siempre. La gestión no me modificó -señaló-. Lo vivo con mucha alegría, más allá de los desafíos".

En relación con las principales dificultades que debió afrontar, apuntó: "Siempre las hay. Quilmes es heterogéneo. Los vecinos estábamos muy agachados, desesperanzados. Pero decidimos involucrarnos y realizamos más obras que en los últimos 30 años. Creo que el problema principal es vivir la realidad como un Boca-River, la famosa grieta. Sin embargo, es posible resolverla. Hoy presido el Comité de Cuenca junto a otros distritos, de distintos signos políticos, donde nos unimos para que la gente no se inunde más".

Cuando se le pregunta sobre sus principales logros, no duda: "Haber corrido a las mafias del Estado. Como mínimo esa mirada grosera, de costado, que miraba para otro lado. Dejaron que ingresen narcos o delincuentes. Ya sea por connivencia o porque es una batalla muy difícil de dar. Está muy claro que la corrupción ha derivado en la connivencia, sino sería imposible. Hubo mentiras tergiversando datos. Le tomaron el pelo al vecino. Nosotros llegamos a las 300 obras. Mil millones de pesos anuales. Puedo mencionar el Metrobús de la avenida Calchaquí, avenidas renovadas, la iluminación led, el Centro de Monitoreo único, 700 cámaras de seguridad funcionando, la presencia del SAME, la red de la atención sanitaria que es una revolución para la salud pública. Además de obras hidráulicas en Villa Alcira y Villa Luján. Y la remodelación de los parques públicos, que creemos es el lugar más democrático porque todos pueden disfrutarlo".

Sostuvo que la Municipalidad está saneada, "con un superavit no muy alto. Estamos tranquilos, afinando los números para seguir mejorando". En cuanto a su relación con la oposición, dijo que "la realidad se refleja en el Concejo Deliberante, de donde salieron más de 180 convenios con la casi totalidad de los votos".

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Consultado sobre, en caso de ganar, cuánto necesita que también lo haga María Eugenia Vidal, respondió: "Más que como intendente, lo necesito como argentino y como bonaerense. Lo vimos demostrado claramente. Más de 2 mil obras realizadas y otras 2 mil haciéndose. Creo que un país si tiene una provincia cooptada por las mafias no es Estado sustentable. Estoy seguro de que va a seguir siendo gobernadora, es muy sencillo trabajar con ella. Me lo dicen otros intendentes".

En cuanto a las últimas encuestas, Molina asegura que su gestión "tiene un 50 por ciento de aprobación" y una intención de voto "superior al 40 por ciento". "Es una valoración importante -agregó-. Además tengo la sensación que me llevo de los vecinos en la calle y que a veces no se reflejan en encuestas. El reconocimiento al trabajo de un municipio que se puso de pie y que da respuestas históricas. Miro 2015, 2017, y estoy convencido de que vamos a ganar Macri, Vidal y yo. Con todas las dificultades, yo sé que vamos a ganar porque la gente no quiere volver atrás".

La seguridad

Un tema difícil de abordar es el de la inseguridad. "Nunca me van a escuchar decir que estamos mejor. Un solo hecho delictivo que sufre una familia es gravísimo. Claro que tenemos estadísticas, bajamos 7 por ciento los robos. Tenemos ahora una secretaría de Seguridad con presupuesto alto. Hay más presencia del Estado, con 70 agentes de patrullla urbana y la articulación de fuerzas federales, provinciales y municipales".

"Tengo, obviamente, mis apoyos anímicos la familia, los amigos. Pero el mayor apoyo que siento es el del vecino de a pie. Somos todo lo que hicimos juntos. El vecino es nuestro jefe, ese que nunca tuvo un micrófono. Voy a cientos de barrios postergados. 'Nunca vino nadie por acá', me dicen. Y la lógica de no haber prometido hace que seamos más confiables todavía. Porque siempre fuimos vecinos de a pie, hoy con grandes responsabilidades de gobierno, siempre fuimos quilmeños que vimos el abandono del Estado, estábamos hartos de ver que nuestra ciudad retrocedía, insegura y sucia. Todo ello recuperamos en Quilmes y todavía falta mucho".

"Vamos a profundizar este trabajo para lograr cosas importantísimas. No queremos volver atrás. No vamos a permitir que el Estado haga la vista gorda ante la delincuencia y el narcotráfico. Con anteriores gestiones solo hemos tenido veranitos de economía de manera artificial no sustentable. Y ahora estamos sentando las bases para un país, una provincia y un municipio sustentable", sostuvo enfático.

"Estamos a mitad del río. Quilmes se puso de pie, nos fortalecimos los vecinos. seguimos trabajando en una ciudad moderna, inclusiva, sustentable. Pero vamos por más: el desarrollo urbano de la ribera, seguir recuperando espacios públicos, desarrollo para viviendas y más empleo. Seguir limpiando los arroyos. Y toda la ciudad monitoreada, con más seguridad, además de la integración de los barrios como Itati, que ya es una realidad" puntualizó.

Un cambio de visión sobre sus empleados

Uno de los primeros problemas que Molina reconoció a poco de asumir fue lo que, en ese momento, llamó "superpoblación de empleados municipales", un plantel de 8 mil trabajadores que parecía excesivo. "Hoy tenemos unos 500 menos -indicó-. Pero con el correr del tiempo entendí la necesidad de que todos nos pongamos a trabajar para que Quilmes salga adelante. Así fue que optimizamos la asignación de tareas, con todos adentro, y hoy puedo decir que los trabajadores del municipio están convencidos del esfuerzo que llevamos adelante. Lo vemos en la calle".

Otra de las dificultades se dio en el área de recolección de basura: "Cuando asumimos se levantaban 13 mil toneladas por mes. Hoy llegamos a las 18 mil. Esos residuos que no se juntaban iban a parar a los arroyos o basurales a cielo abierto -puntualizó-. Equipamos la flota, y el servicio va mejorando. Es un proceso que va ganando en eficiencia. Las zonas más complejas son en las que aún tenemos calles de tierra. También hay que destacar que levantamos mil microbasurales y que establecimos puntos verdes fijos para que los vecinos puedan depositar residuos que luego van a reciclarse. De a poco vamos logrando llegar a la ciudad limpia y sustentable que queremos".

Sostiene que la educación ecológica sigue siendo uno de los ejes principales de gestión. "Lo es en todas las grandes ciudades -aclaró-. Avanzamos mucho, pasamos de una ciudad del medioevo y hoy salimos adelante. Claro, no podíamos educar en el tema verde sin antes terminar de arreglar las escuelas. Pero hay gran necesidad de nuestra sociedad de participar en la transformación. El vecino va entendiendo que esa basura no reciclada se queda en tu mundo".

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