Es fácil cargarse a Gildo Insfrán. Es gratis. Preferible atacar. Queda bien. "Garpa", señala Asís. Pero advierte: a Gildo solo lo saca otro Gildo

1.- Épica de María Soledad

La tercera entrega de “La peste y las elecciones” arranca con la alteración. Es “la peste de las elecciones”.

Marco de banalización. Todo se reduce a la cuestión electoral.

La Argentina se debate en un destino de enfrentamiento.

La complejidad del peronismo que declina, con el pentágono de poder, y el enigma de La Cámpora en el centro del Frente de Todos.

O es la segunda oportunidad de Juntos por el Cambio y el fracaso fresco.

Con la celebridad de Mauricio Macri, la dureza ambiciosa de la señora Patricia Bullrich y otros muñecos que recitan la agenda de los grandes medios.

O el pragmatismo de Horacio Rodríguez Larreta, junto a la calculada indiferencia de la señora María Eugenia Vidal.

Es precisamente desde las adyacencias de la Mutual PRO donde brotan las descalificaciones hacia Rodríguez Larreta.

Cuestiones relativas a su intimidad. Las trafican los perversos con deseos de afectar el proyecto presidencial.

Tal vez quien introdujo la política, durante el inicio de la peste, fue Alberto Fernández.

Por el manejo (de la peste) Alberto resultó favorecido en las encuestas. Tiempos de filminas y de recitales de Los Tres Tenores. Junto a Horacio y Axel Kicillof.

Pero cuando los “muertos imaginarios” se transformaron en muertos reales, ya se había agotado la moral de la cuarentena. Y hasta los recitales.

La peste era solo lo que debía ser. Una tragedia.

Se desató la ofensiva brutal contra la cuarentena. El fortalecimiento de la oposición.

Las protestas de fin de semana largo, de gran resonancia en los centros urbanos, en Buenos Aires.

Y en la imprecisa Córdoba, donde iba a transcurrir la emotiva desgracia que brota como antecedente.

El padre privado de visitar a la hija adolescente que estaba por morir.

Pero la presión hacia Córdoba era limitada. Provincia difícil para operar. Aunque el gobernador callara.

En Córdoba no podía replicarse la épica de María Soledad. Caso de Catamarca.

Desde María Soledad hasta aquí, los gobernadores se esmeran en evitar los diseños artesanales a partir de una muerte.

2.- La línea Sigfrido del Norte

Mientras las elecciones comenzaban a condicionar el rigor de la peste, brotaba otra fantasía. Avanzar sobre los pilares de La Doctora.

La línea Sigfrido del Norte. Provincias calificadas de “feudos”. Anteojeras del centralismo.

Santiago del Estero y Formosa. Portadoras sanas de reciprocidad política con La Doctora.

Dama que otorga títulos técnicamente nobiliarios.

En efecto, la señora senadora Claudia Abdala de Zamora, de Santiago del Estero, se encuentra en la línea sucesoria.

Presidenta Provisional del Senado que mantiene, como titular del bloque justicialista, a José Mayans, de Formosa.

Por otra derivación de la tragedia, la ofensiva siguió por Santiago.

Pero el gobernador Gerardo Zamora supo reaccionar con astucia y rebobinar. No lo volvieron a incomodar.

Formosa ofrecía, en la Línea Sigfrido, el flanco más vulnerable.

Sin siquiera déficit fiscal, el gobernador Gildo Insfrántenía comprados todos los boletos para impresionar.

25 años en el poder, presencia transversal de la pobreza, imágenes desgarradoras de “pueblos originarios”.

Avanzar sobre Insfrán era un juego de niños. Era gratis. Recomendable. Atacar a Insfrán quedaba bien. «Garpaba».

Era políticamente correcto y cualquiera podía sacar chapa de progresista.

Aparte, Insfrán ni siquiera se defendía. Solo el PJ institucional iba a salir a defenderlo.

Tampoco ponía el dinero que enternece tanto a los sensibles medios centrales.

Era el eslabón más débil para golpear, en un año electoral, a La Doctora y lastimar al peronismo.

3.- A Gildo solo lo saca otro Gildo

Con Insfrán no bastaban los agravios para hacerlo aflojar. No se resolvía el conflicto con la usual terapia de billetes.

En el Martínez, bar de Formosa, abunda la ironía intolerable.

Cuentan que Insfrán tiene el refinamiento del carnicero siberiano de la década del 30. Pero le funciona.

Dicen que Insfrán se obstina en cuidar a los opositores. No quiere ni que se enfríen.

“Les envía Ibuprofeno, Redoxón, Sildenafil”.

Se masacran entre ellos para obtener la banca por la minoría.

La cuestión en Formosa no es política. Es cultural.

«Gildo sabe que solo lo puede desalojar del poder otro Gildo».

Y en el horizonte no aparece ningún otro Gildo.

Desde la oposición es imposible ganarle. Aunque lo acribillen con denuncias y acusaciones.

Corresponde fisurar el peronismo (para colmo es presidente del Congreso Justicialista).

La disidencia fue la derivación de la muerte de Floro Bogado, su histórico vicegobernador.

Adrián, el hijo de Floro, creyó tal vez que la vice gobernación era hereditaria y le correspondía. No tuvo suerte.

Después de toda una vida Adrián descubrió, de pronto, que Gildo “era autoritario”.

Entonces clavó la garrocha en la costanera para elevarse y aterrizar en Juntos por el Cambio. Fue candidato opositor.

Hoy Adrián es otro de los opositores “republicanos”.

E Insfrán le proporciona Ibuprofeno, Amoxidal, pastillas para la garganta.

4.- Solo un gobierno peronista interviene una provincia gobernada por el peronismo

Los gobernadores, sus pares, lo admiran secretamente.

Arrastra la mala prensa afuera que sin embargo lo blinda adentro.

Cuando se habla de Formosa aparecen las fotografías de los indios embarrados después de una tormenta.

Los porteños se espantan con el atraso del “medioevo peronista”.

La Garganta confirma: “La cuenta es fácil. Abajo, en el Chaco, tenés cientos de estallados por el virus. Como los tenés arriba, en Paraguay.

Gildo ve dos opciones: O se llena de muertos o cierra. Y cierra, como sea, entonces se la tiene que bancar.

Que le protesten, que le hagan manifestaciones, que lo putee el cura por estar lleno de evangelistas. Lo que no quiere es muertos”.

Mientras los linderos coleccionan «estallados», en Formosa se “lamentan 10 defunciones”.

Por defensa propia, y para degradarlo tranquilo, corresponde no creerles.

Es redituable denunciarlo. Por atropellador.

Sorprende el reclamo de la Intervención Federal.

En plena peste. Es una tontería, más que un acto de mala fe.

Solo un gobierno peronista puede intervenir una provincia gobernada por el peronismo.

Y no es de caballero radical explotar los efectos dramáticos de la peste para sacar una ventajita política y mediática.

Pero debe entenderse que se trata del simulacro para los convencidos.

Horas invertidas en Formosa de TN, Clarín y La Nación con “los atropellos a los derechos humanos” del “insfranato”.

Es de esperar que a Insfrán se lo carguen pronto. Que lo intervengan.

Caso contrario, si no se lo cargan, los grandes medios van a ser motivo de burla.

Para perderles el respeto. Para ca…

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