Sin dejar de mencionar nunca a Macri, Horacio Rodríguez Larreta fue consagrado como el enemigo deseado. Amenaza de un desmadre sanitario y un encierro

No cayó para nada bien en Casa Rosada, un viernes a la tarde, la noticia de la investigación abierta por el fiscal Guillermo Marijuan contra el presidenteAlberto Fernández; el exministro de Salud Ginés González García; su sucesora, Carla Vizzotti, y el empresario Hugo Sigman, por el supuesto delito de abuso de autoridad, malversación de fondos públicos y negociaciones incompatibles con la función pública. La causa tiene que ver con las vacunas contratadas por el Estado argentino a AstraZeneca, por las que se pagaron ya 53 millones de dólares (el 60% de la operación), sin que al cierre de esta edición haya llegado ni una de las 22.400.000 dosis comprometidas.

Los pesares ya no del gobierno, sino del país, podrían resumirse en ese detalle. Si la compañía hubiera cumplido lo acordado, buena parte de esas vacunas hubieran llegado entre los meses de marzo y abril, y con ello el país estaría más armado ante la segunda ola. En rigor, de no haberse jugado un pleno el exministro Ginés González con Sigman y la vacuna de Oxford, podría suponerse que las negociaciones con Pfizer sí hubieran llegado a buen puerto y hasta podríamos haber aceptado el doble de las vacunas que nos correspondían por el Fondo Covax.

Como sea, la situación sanitaria es tan grave que esta denuncia pasó a un segundo plano cuando ese mismo viernes el presidente Alberto Fernández recibió al gobernador Axel Kicillof para analizar las medidas a implementar ante una segunda ola de coronavirus que se presume más devastadora que la anterior. Esos encuentros se hicieron habituales en el último año, sobre todo en cada víspera del vencimiento de los decretos. Solía estar presente Horacio Rodríguez Larreta, pero parece que ya no es bienvenido ahí. Aunque de algún modo el jefe de Gobierno porteño estuvo presente en la reunión, pues se habló bastante de él. Mal por supuesto.

El Presidente lo tiene atragantado sobre todo desde que la relación Nación - CABA se precipitó por un camino sin retorno al judicializarse el tema de la presencialidad en las escuelas. Se estima que la resolución de la Corte Suprema de Justicia debería estar este martes, aunque con estos jueces nunca se sabe. Fuentes cercanas al Tribunal Supremo confiaron que su presidente, Carlos Rosenkrantz, quería llamar a un plenario el viernes pasado, para apurar las definiciones. Habitualmente ubicado en la vereda de enfrente, su antecesor Ricardo Lorenzetti esta vez estaba de acuerdo en no dilatar más esa resolución. Y ambos estarían inclinados a favorecer el reclamo porteño. Sin embargo los otros dos varones de la Corte no tendrían tanta prisa, ni estarían tan convencidos en darle la razón a la Ciudad. La dama del Tribunal, Elena Highton de Nolasco, ya votó en disidencia respecto de la competencia de la Corte en el diferendo.

El gobernador Axel Kicillof también lo tiene apuntado a Larreta. No hay discurso en el que no lo mencione de manera crítica, lo mismo que a la Ciudad y su "responsabilidad" en la expansión del virus. Totalmente en sintonía con la vicepresidenta de la Nación, el gobernador ejecuta de manera precisa la estrategia delineada en el Instituto Patria. La premisa es demonizar a Horacio Rodríguez Larreta y para el caso de que la pandemia se desmadre, cargar responsabilidades sobre la Ciudad. Nadie se salva solo

La estrategia político-electoral incluye, como siempre, subir al ring a Mauricio Macri y ahora también a Patricia Bullrich, y emparejarlos con HRL. O lo que es mejor: ponerlos a ambos por arriba del jefe de Gobierno, que con ese criterio vendría a ser un "títere" de quienes mandarían en el PRO. De ahí que el domingo pasado Kicillof afirmara por radio Rivadavia que "la Ciudad, bajo la conducción clarísima de Macri, hace un tiempo entró en una especie de campaña electoral salvaje".

Excandidato a jefe de Gobierno porteño, el senador nacional por CABA Mariano Recalde recorrió ese mismo camino durante el debate legislativo sobre el DNU que dispuso el cierre de colegios: en un discurso hipercrítico contra el jefe de Gobierno, no dudó en emparentarlo con Macri y Bullrich, a quienes deliberadamente caracterizó como "sus jefes políticos". Señaló que Larreta sigue los designios de ambos "de una manera brutal", y lo acusó de "hacer política electoralista queriendo diferenciarse del gobierno nacional, empezando las clases una semana antes, flexibilizando más que el resto y queriendo sacar un rédito político".

En el marco de esa misma estrategia, también el viernes la cartera de Salud de la Provincia difundió una información según la cual habían detectado a través del cruce de datos del RENAPER y los ciudadanos vacunados hasta el momento en territorio bonaerense que 75.901 dosis de la Provincia se aplicaron a residentes de la Ciudad de Buenos Aires. El día anterior la polémica había pasado por la denuncia de la titular del PAMI, Luana Volnovich, sobre supuestos graves problemas de logística en la Ciudad para vacunar a los jubilados. La Ciudad replicó responsabilizando al PAMI y si bien terminaron poniéndose de acuerdo, la Justicia investigará las denuncias.

El politólogo Marcos Novaro interpreta esta actitud del siguiente modo: "Encontrar soluciones es cada vez más difícil; entonces encontremos un culpable".

El gobernador bonaerense también se adelantó a la eventualidad -más que hipotética- de que HRL pueda llegar a conseguir vacunas, diciendo que eso ya lo hizo él. Nos enteramos así por boca de Axel que la Provincia "consiguió millones de vacunas". "Empezamos a trabajar muy temprano, hablamos con todas las empresas y cuando pudimos cerrar acuerdos que estaban prácticamente muy avanzados, se los transferimos a la Nación", explicó. No se sabe bien a qué acuerdos o empresas se refería, aunque ya se conocía su papel en la apuesta a Rusia sobre la Sputnik V: varias fuentes coinciden en que él fue quien convenció a CFK de apostar a los rusos.

Interlocutor directo y permanente de la vicepresidenta, el gobernador tiene en consecuencia una ascendencia notoria sobre las decisiones del gobierno nacional. Por eso, más allá de que tras su encuentro del viernes con el Presidente se haya dicho que hablaron de cómo preparar el sistema ante "el desborde que se espera del sistema de salud en la Ciudad", lo que sobrevoló el encuentro fue su insistencia para volver a fase 1. Una alternativa cada vez más firme en el gobierno, aunque se la admite inviable. Porque la situación económica no admite volver a un cierre total; porque miles y miles de comerciantes y PyMEs ya quedaron heridas gravemente con la cuarentena sin fin del año pasado y ahora deberían cerrar; y porque nada garantiza al día de hoy que una medida tan extrema vaya a ser obedecida.

El cierre total tan ponderado del año pasado por haberse adelantado al estallido de la pandemia en nuestro medio es puesto hoy en tela de juicio, simplemente por haberse eternizado luego. Es lo que imposibilita una reedición del encierro, aunque algo así -que se prometería en ese caso como "limitado"- es cada vez más probable. Porque así lo reclama Kicillof, de cuya incidencia en las decisiones ya hemos hablado.

Y no es que el gobernador se haya enamorado de la cuarentena, sino que eso es lo que le recomiendan sus consejeros como remedio al "tsunami" del que el gobierno bonaerense no deja de hablar.

Alberto Fernández busca las maneras de anunciarlo e implementarlo. Para desvelo también de Martín Guzmán, que nada de esto previó cuando elaboró el Presupuesto 2021 y cada vez más seguido se desayuna con gastos impensados. Como el bono anunciado por el Presidente a principios de esta última semana para 740.000 trabajadores de la salud. Más que merecido por cierto, pero originado en el error comunicacional de Alberto Fernández al hablar del "relajamiento" en el sistema de salud. La erogación significa 14.430 millones de pesos nunca contemplados.

El "espejo que adelanta" que representa para nosotros Europa en cuanto a la pandemia nos advirtió sobre la segunda ola, pero eso fue soslayado con los cálculos erróneos de las vacunas. Y volvemos a lo del principio: si se hubiera aplicado ya la cantidad oportunamente anunciada, la situación podría ser muy distinta. O no: en Alemania ya hablan de la cuarta ola.

En este contexto, ¿cuál será la situación sanitaria a la hora de votar? Difícil saberlo, pero atentos a que la dureza se les pueda volver en contra es que los halcones de Juntos por el Cambio aceptaron habilitar un cambio en el cronograma electoral. Eso y, sobre todo, la presunción de que Sergio Massa ya tenía los votos suficientes para hacer la modificación sin ellos. Por eso pusieron como condición una cláusula cerrojo que, de todos modos, no es una garantía absoluta: siguen pensando que el oficialismo no quiere las PASO y esta historia no ha terminado. La peste sigue siendo un condicionante absoluto.

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