La ex mandataria fue protagonista la última semana, aunque no del modo que hubiera deseado. Decididamente, debió abandonar el bajo perfil y otra vez hubo marchas en las que se gritó fuerte en su contra. La economía, en tanto, no da más que datos negativos y hay en marcha una licuación dolorosa, pero tal vez conveniente.

Una semana que no fue precisamente la mejor para la ex presidenta, no podía terminar peor. El broche de oro de unos días que la tuvieron decididamente a la defensiva fue el informe difundido por el juzgado de Claudio Bonadio que la pone al frente de una “asociación ilícita”, junto con su difunto esposo y el convicto Julio De Vido.

El informe abunda en datos, que van desde nombres de involucrados a cifras en pesos, dólares y euros; detenidos, presos y arrepentidos. Desde armas secuestradas, a cientos de obras pictóricas.

Cristina Elizabet Fernández, tal cual se la menciona al caratular la causa 9.608/2018 que conmueve al país y trasciende fronteras, tuvo sus momentos de protagonismo el martes y el miércoles. En sendas jornadas se ocupó de difundir primero una carta en la que finalmente se allanaba a ser allanada, y al día siguiente fue la figura central de la prolongada sesión del Senado.

Con su decisión de avenirse al requerimiento judicial, no hizo más que maquillar el resultado que se esperaba en el recinto. Tras resistir dos semanas consecutivas la embestida judicial y legislativa, logrando en ambas postergar la definición sobre la autorización para el juez Bonadio, ya no le quedaba margen de maniobra al kirchnerismo. Y a fin de evitar perder la votación, el martes Cristina aceptó lo inevitable y el miércoles sus senadores votaron a favor.

El resultado fue unánime, y con su actitud los K evitaron que pudiera ser visto como una derrota. Después vino el debate sobre extinción de dominio, una norma totalmente vinculada a la corrupción reciente, que tal cual salió del Senado no servirá para recuperar lo supuestamente robado precisamente en la causa que investiga Bonadio. Pero ese resultado sería revertido en Diputados, en fecha a determinar, pues en principio no ha sido previsto para esta semana su tratamiento en comisión.

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Cuando sea, el Cuerpo podrá ratificar el proyecto original por mayoría simple. Le faltó poco a los senadores -4 votos- para llegar a los dos tercios que hubieran hecho imposible que la Cámara baja revirtiera el resultado.

Ahora, Cambiemos y el Frente Renovador, que más allá de los acuerdos que pueda tener Sergio Massa con Pichetto se comprometió a mantener su postura -al fin y al cabo el proyecto es de ellos-. Suman 129 voluntades, y tal vez logren agregar una decena de votos más para ratificar un proyecto que los senadores más críticos y no pocos especialistas califican de “mamarracho”.

Después vinieron los tardíos allanamientos y Cristina Fernández se retrajo de la escena pública, hablando solo a través de sus verborrágicos representantes legales. Pero en rigor, la semana había empezado bien incómoda para la ex mandataria, con multitudinarias marchas en las principales ciudades del país y, sobre todo, frente al Congreso nacional. Siempre más refractarios a la influencia externa que los diputados, los senadores sintieron la presión de miles de personas que les reclamaron el desafuero de Cristina y la aprobación de extinción de dominio.

El gobierno vivió esa jornada con cierto gozo, ilusionándose en el fondo con la posibilidad de que el 21A fuera una suerte de revival del 1A que en 2017 representó el rebote social para Cambiemos luego de meses de cascoteo en las calles. Como sea, en la medida que la economía no repunte, las ilusiones se achican.

De hecho, las encuestas que maneja el gobierno en reserva no hacen más que confirmar una adversidad que solo alivia saber que todavía falta un año para las elecciones.

Incluso trascendió una que no es de las que atiende el gobierno, que da a Cristina vencedora de Macri en un eventual balotaje. El trabajo elaborado por Query Argentina, del ex funcionario sciolista Gustavo Marangoni, le asigna en esa hipotética instancia un 40,5% a la ex presidenta, contra un 36,1% del actual mandatario. Pero hay un enorme 23,4% indeciso y encargado de definir la elección.

Falta una eternidad para las elecciones, pero además la gente no está pensando en comicios. Esa misma encuesta pone en el primer lugar de las preocupaciones a la inflación, con 33%, seguida del desempleo, con 29%. La inseguridad completa el podio, con 17%, y la corrupción recién aparece en el cuarto lugar, con 12%.

Pero se equivocarán los que imaginen a partir de esto un efecto inocuo de los cuadernos de Centeno y sus consecuencias. Ese pequeño 12% responde a la pregunta sobre “los problemas” que afectan a la gente, y claramente la economía es una dificultad mayor para los ciudadanos de a pie que la corrupción. De hecho, la educación se lleva apenas un 6%.

Igual, en Cambiemos tienen claro que la transparencia sirve como marketing, pero para ganar las elecciones necesitan que mejore la economía. Ya el oficialismo logró el efecto infrecuente de ganar una elección como la de 2017 sin la economía en óptimas condiciones. Pero tampoco estaba tan mal como en la actualidad.

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Si bien es cierto que todos los economistas y los propios funcionarios anticipaban que las penurias se instalaran en la economía cotidiana a partir de este mes, el impacto no deja de generar zozobra. La actividad económica se desplomó en junio 6,7%, y hay que remontarse diez años atrás para registrar una caída similar. Todos los indicadores dan mal, y sobre llovido mojado, el dólar vuelve a escaparse.

Ahora fue el efecto Brasil, que devaluó fuertemente esta semana, pero lo cierto es que llama poderosamente la atención la devaluación persistente del peso. Al punto tal que un economista del CEMA como Germán Fermo sugirió el viernes la posibilidad de que esto sea un efecto deseado para licuar el gasto. “Sería una forma de salir de este lío en el que el gobierno se está metiendo”, sugirió.

El director de MacroFinance considera que el gobierno solo tiene cuatro alternativas: un ajuste violento del gasto público; perder reservas; licuar, con inflación y devaluación; o recibir un nuevo préstamo del FMI. De todas estas alternativas, la que ve más viable y estima está sucediendo es la licuación, que terminaría reduciendo el gasto real.

“Si no aparece plata fresca del Fondo, la alternativa más potable es la licuación”, señaló el economista por FM Concepto, que ve esa alternativa como “la menos limpia, pero la más factible”’, aunque con “un costo social tremendo”.

Consciente de que es un activo al que vale sacarle rédito, el Presidente convocó el jueves a los diputados y senadores de Cambiemos a Olivos. Ya lo hizo otras veces, y lo viene repitiendo con otros sectores como por ejemplo cuando hace dos semanas recibió a los intendentes bonaerenses de Cambiemos, llevados por el subsecretario de Asuntos Municipales bonaerense Alex Campbell.

Esta vez la invitación a los legisladores tenía un condimento especial: de cara a un segundo semestre complicado en el que deberán ponerle el cuerpo a defender el Presupuesto 2019, nada menos, el gobierno buscó también recomponer los lazos internos tras las tensiones generadas en el oficialismo por el debate de la legalización del aborto.

En la fría noche de Olivos, en una velada matizada por empanadas, el mandatario les dijo a sus legisladores que los necesita “más unidos que nunca”, y hasta reconoció que “‘estamos pasando momentos difíciles”. Se habló de todos los temas, incluido por supuesto la corrupción.

Ahí Macri reiteró lo que ya había dicho por la mañana ante su gabinete: que el costo de la corrupción fue mucho más que los 36 mil millones de dólares que unos investigadores del Conicet calcularon como el pago de coimas, sino que llegaría a 200 mil millones de dólares, en concepto de despilfarro, deliberada mala planificación y obras no efectuadas.

Pero en la previa del encuentro con el Presidente, los legisladores se encontraron también con el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, quien les describió el escenario económico actual y lo que se espera para el próximo año.

Fuentes consultadas por este medio reconocieron que ese diálogo no dio espacio al optimismo que más tarde trató de infundir Mauricio Macri. Por el contrario, Dujovne habló de reactivación económica, pero sin brindarles detalles que justificaran tal aseveración.

Los legisladores se fueron con más dudas que certezas.

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