Por KARIM GONZALEZ
Finalizando su tercer año al frente de Resto del Mundo, el envío de la trasnoche del domingo de El Trece que recorre los destinos internacionales accediendo a los escenarios históricos del planeta reservados para elegidos, Iván de Pineda siente que creció como profesional y que en su bagaje turístico, cultural e ideológico, aprendió a respetar y admirar las raíces de cada sociedad. Por cierto, este modelo y conductor que hace las veces de actor, se muestra cada vez más desenvuelto en el arte de transitar por los caminos del mundo, contar experiencias de vida, entrevistar con soltura a las figuras nacionales y extranjeras del espectáculo y el deporte y exhibir el inigualable paisaje de las ciudades más remotas y excéntricas. Viajando sin parar “Es como un karma. Cuando tu vida es así y empezás a viajar de chico, llega un punto en que no parás, no parás, no parás, y aquí seguimos. Acá estamos, a full, es lo que nos tocó, estoy hecho una fiera viajando. Seguimos viajando sin parar”, confiesa Iván, quien mucho antes de aceptar el reto de tomar la posta que había dejado vacante Sergio Goycochea en la conducción de Resto del Mundo, ya se había convertido en una avezado viajero. “Ha sido un muy buen año para ‘Resto’. Después de tantos años que lleva el programa, éste ha sido mi tercer año y la verdad que es un placer”, admite enseguida este dúctil animador. “Recorrimos muchos sitios, seguimos descubriendo nuevos lugares y a los lugares que ya hemos ido le encontramos una vuelta diferente. Estamos encontrándole un nuevo punto que cada día se hace más interesante. Estamos muy bien”, dice Iván sin mostrar signos de agotamiento. Además, sostuvo que “estoy muy contento porque estos últimos tres años han sido de un aprendizaje tremendo. Está bueno que sea así porque estoy tomándole el punto justo a lo que hago. Es de un gran crecimiento para mí, para desenvolverme y movilizarme, para moverme, para hacer un montón de cosas”.
Realidad mediática
El chico de metro noventa y uno que habla rápido y se equivoca poco, dice haber incorporado de manera natural su ajetreo permanente por todos los suelos. El escaso tiempo físico le impide conectarse, de manera profunda, con la realidad mediática de la programación televisiva de la que forma parte. “Viajo entre 15 y 20 días por mes y se me hace muy difícil ver tele. ¿Sabés cómo laburamos? Estamos en la calle todo el día. Volvemos a las 2 o 3 de la mañana y a las 6 de la mañana estamos de vuelta listos, para emprender un nuevo día. La verdad es que estamos muy focalizados en lo que estamos haciendo, no hay lugar para involucrarnos en otras cuestiones”, devela De Pineda. -Con tan continuo e incesante recorrido por tanta variedad de lugares y experiencias a lo largo y ancho del mundo, ¿cuesta encontrar espacio para la sorpresa y el asombro? -Llega un momento en que cuanto más empezás a conocer de los lugares, más difícil es empezar a elegir entre aquello que te gusta o no. El mundo es tan diverso que una playa más, una montaña más, una ciudad más, una más vieja, otra más nueva o más moderna, es igual en la sumatoria. A mí me gusta todo. Yo aprendo y le he encontrado las cosas buenas a lugares que vos decís: “¿cómo puede ser?”. A mí me gustan, me parece que tienen su espíritu, su cosa particular, una impronta especial y eso está bueno. Uno aprende de lo cultural, idiomático, a nivel de religiones, de manera de ser, de vivir, de pensar, de todo.

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