La conductora y periodista lleva adelante las noches de Radio del Plata con su programa Voy y Vengo, y también las mañanas de la ascendente 92.3 FM con su talk show Hanglin, Un Apellido de Radio.
Por WILMAR MERINO

Virginia Hanglin es madre, amiga, periodista y comunicadora, pero antes que todo eso, una buena persona. Ese espíritu es el que han rescatado los miembros de la Iglesia Catedral de la Fe para convocarla a su radio FM 92.3 La Radio, donde lleva adelante un ciclo matutino con su nombre, de lunes a viernes de 10 a 12. Y esa misma condición es la que han valorado las autoridades de Radio del Plata para conservarla en el aire los últimos cinco años, ya sea en franjas vespertinas como en la noche, donde actualmente gana el aire de 21 a 23 con el ciclo Voy y Vengo. “Somos pocos los que estamos en radio y me parece injusto que tengamos alguna ventajita con respecto al resto de la sociedad por ser conocidos o disponer de un micrófono. Por eso a mí me gusta usar el medio para ayudar a los demás”, dice sobre el cierre de nuestra charla, confirmando aquello de la buena madera de la que están hechas algunas gentes. “Ahora comparto las noches con el fútbol en Del Plata. Sigo haciendo el ciclo Voy y Vengo, y disfruto mucho del público de la noche. Nunca había trabajado de noche y la verdad es que parece que es más radio, y hasta es mas íntimo desde este lado del micrófono: las enormes oficinas de Del Plata están vacías, no están los gerentes, queda sólo el personal de planta y la gente de radionoticias. Es un clima muy de club y al mismo tiempo el público es una mezcla de todos los públicos y de los que están solos de noche... No es lo mismo estar solo de noche que estarlo de día. Es una hora muy recogedora donde la gente se mira para adentro y a la vez muy acogedora en el sentido de que el que te habla puede contenerte más”, cuenta. La acompañan Leo Gallego en Deportes, Morales en Salud, Andrea Taboada como locutora, el Negro Blanc en Espectáculos y cuenta con todos los móviles de Del Plata a su disposición. “Tengo muchos puertos adonde recurrir”, define. Con respecto al otro programa, el de la FM 92.3 que dieron en llamar Hanglin, un apellido de Radio, dice Virginia que es “un talk show, donde estoy sola en la mesa y básicamente es un programa más de conversación. La 92.3 es una radio en la que los dueños tienen un capital de inversión espiritual, se trata de informar sin enfermar, se habla de valores de la vida. Ellos me convocaron cuando yo estaba haciendo Voy y Vengo en La Red y me despiden... entonces me llama Osvaldo Carnival (N de R: pastor evangélico y autor de varios libros sobre valores) y me dice que me ha venido escuchando durante mucho tiempo y que la manera en que me expreso sobre las cosas que pasan es la manera en que a él le interesan que suene en su radio. Yo no tuve que cambiar nada de mí. Osvaldo es profundamente cristiano, pero tiene un enfoque intelectualmente muy casero, pero a la vez moral y profundo. Es mi maestro espiritual y estoy encantada de estar en esta radio”, señala respecto de la emisora donde también hacen ciclos propios Mario Caira, Guillermo Salatino y Marcela Feudale. ¿La radio funciona como un elemento de “conscripción” al evangelismo?, le preguntamos. Y responde Virginia: “Osvaldo, que lidera la Catedral de la Fe, está convencido de que hay una sola manera de ver la vida: con alegría y agradecimiento, pero no me han bajado línea de nada. En mi larga relación con ellos no he tenido nada que se parezca a una bajada de línea. En la FM sí hay una sola norma que todos tenemos que respetar y es que las letras de las canciones transmitan un contenido positivo. Así que ponen música cristiana o instrumental. A mí eso no me molestó nada porque yo toda la vida usé música clásica en mis programas. Ellos cuidan que en las letras de las canciones no se transmita algo que atente contra el sentido general de la radio”. Y puesta a hablar del tipo de oyente de esta particular FM, agrega: “El oyente de la FM no tiene turnos, porque no se mueve de la 92.3. He conocido pocos oyentes tan firmes y fieles como los de esta radio. Una vez que la probás, no querés que te tiren mala onda en otra radio. Estamos viviendo un momento bastante violento en cuanto a lo noticioso y si al menos no tenés una voz amable que te diga las noticias, se hace muy duro...”. En esa misma línea, profundiza el pensamiento: “A la hora de armar los noticieros, para muchos la buena noticia queda siempre afuera. ¡Y hay buenas noticias! Hay mucha cantidad de gente joven que estudia, escribe, baila, ayuda, yo soy una convencida de que la mayor parte de la gente joven es maravillosa. Y los medios no lo dicen... miran el 20% que está en problemas”. Agradecida, no olvida mencionar a su productor de los dos programas, Jorge Torres, “porque todos los días me pone un Fórmula Uno en la mano y yo sólo lo manejo”, dice. Por último Virginia se despide con la anécdota del estribo que les pedimos a todos nuestros entrevistados: “Esto pasó hace dos días. Hace poco me fui a anotar en un gimnasio y entre clase y clase me senté en un barcito. De repente, apareció una mujer vestida de gimnasia y me dice con los brazos abiertos: ‘¡Virginia, te quiero agradecer! No sé si vos te acordás de mí pero soy Fulana y mi marido tuvo un accidente gravísimo, quedó mal, yo tenía un nene chiquito, te llamé y vos pediste ayuda a la ANSES y me salió la pensión. Gracias a eso vivimos’”. -¿Y vos qué hiciste ante esa escena, Virginia? -Me largué a llorar.

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