Impulsada por influencers cristianos, esta tendencia propone volver a los alimentos naturales y menos procesados. Qué dice la ciencia y cuáles son las advertencias.
La llamada “dieta bíblica” suma seguidores en redes sociales y se instala como una de las nuevas tendencias vinculadas al bienestar físico y mental, basada en alimentos mencionados en las escrituras religiosas, que prioriza productos poco procesados y hábitos asociados a una vida más austera y natural.
El fenómeno creció con fuerza en Estados Unidos durante los últimos meses, impulsado por creadores de contenido cristianos que comparten recetas, consejos y testimonios personales sobre los beneficios de esta alimentación. Frutas, verduras, cereales integrales, legumbres, pescado, huevos y carnes frescas forman parte de un esquema que también desalienta el consumo de azúcar refinada y ultraprocesados.
Entre las figuras más visibles aparece Kayla Bundy, una influencer de 27 años que asegura seguir esta dieta desde hace ocho años. Según contó en redes sociales, estos hábitos “curaron” su depresión y mejoraron problemas en la piel. Bundy comercializa guías y asesorías alimentarias, aunque reconoce no tener formación profesional en nutrición.
Otro caso es el de Annalies Xaviera, ama de casa y creadora de contenido, que logró superar los 300 mil seguidores difundiendo recetas y consejos vinculados con alimentos integrales y cocina casera.
El renovado interés también coincide con el crecimiento del movimiento MAHA (“Make America Healthy Again”), una corriente respaldada por sectores políticos estadounidenses que promueve cambios en los hábitos de consumo.
Uno de los formatos más conocidos dentro de esta tendencia es el llamado “ayuno de Daniel”, inspirado en un pasaje del Antiguo Testamento. Se trata de una alimentación parcial de entre 10 y 21 días basada principalmente en legumbres, vegetales y cereales, con exclusión de carnes, lácteos, frituras y productos procesados.
A diferencia de otras dietas, no busca restringir calorías ni generar descenso rápido de peso. Sus seguidores sostienen que funciona como una forma de “desintoxicación” alimentaria y espiritual.
Diversos estudios científicos encontraron beneficios asociados a patrones alimenticios similares. Investigaciones publicadas en revistas médicas detectaron mejoras en la presión arterial, el colesterol y algunos marcadores inflamatorios tras aplicar el “ayuno de Daniel” durante tres semanas.
Sin embargo, especialistas advierten que no existe un plan oficial avalado por autoridades sanitarias y recomiendan evitar prácticas extremas. La nutricionista estadounidense Marion Nestle consideró positivo consumir “una amplia variedad de alimentos relativamente poco procesados”, aunque señaló que el fenómeno también responde a necesidades emocionales y de pertenencia.
Los expertos coinciden en que una alimentación basada en vegetales y productos frescos puede ser saludable, siempre que mantenga equilibrio nutricional y cuente con supervisión profesional en casos específicos.