De milagro, esa batalla dejó como saldo solamente dos heridos. Becerra recibió un fuerte golpe en la cabeza y tuvo que ser internado de urgencia para que se le practique una tomografía computada de cerebro, mientras que un empleado del lavadero fue herido con una navaja en la espalda.
Cuatro días después de ese brutal choque llegó la contraofensiva. Antes del partido con River (1 a 1 con goles de Balanta y Cauteruccio), desde un auto -cerca de la subida a la Autopista- abrieron fuego contra los micros que trasladaban a los hinchas de Quilmes hacia el Monumental, en el cual se encontraban los barrabravas conducidos por Bustamante. El saldo fueron cinco heridos de bala.
Desde entonces, la disputa recrudeció hasta llegar al violento cruce de hace dos días. Con la guerra declarada, se avizora un futuro manchado con más sangre.