El gravísimo episodio en la tribuna antes del partido con All Boys, tiene antecedentes cercanos que pone a los líderes de la hinchada en el centro de la escena mientras las autoridades miran para otro lado.
El brutal cruce entre dos facciones de la barra brava de Quilmes, antes del partido con All Boys, se transformó en un eslabón más de la cadena de hechos de violencia que forman parte de una sangrienta guerra, en la que se disputan los negocios millonarios que explotan impunemente "los dueños de las tribuna".
La actual jefatura de la hinchada del Cervecero se encuentra en manos de un grupo de violentos conducidos por Ramiro Bustamante. El liderazgo se lo disputa un sector asociado al ex capo de la barra del club, Osvaldo "Dedo" Becerra. Fue su propio hijo, Mario Becerra, quien batalló el lunes pasado para recuperar el control, pero fue salvajemente golpeado y se encuentra internado en terapia intensiva.
El antecedente más violento data de abril del año pasado, cuando ambos bandos se enfrentaron a los tiros por el control de los negocios vinculados a la venta de entradas, la organización de viajes, los puestos de venta y el estacionamiento alrededor de la cancha.
Ese hecho se registró en el lavadero que pertenece a Dedo, en la esquina de Avenida La Plata y Laprida. En ese lugar, unas 15 personas comandadas por Bustamante llegaron en tres motos y dos autos y -tras intercambiar algunas palabras e insultos- comenzó una violenta pelea que incluyó balazos, botellazos, piedrazos y puñaladas.
De milagro, esa batalla dejó como saldo solamente dos heridos. Becerra recibió un fuerte golpe en la cabeza y tuvo que ser internado de urgencia para que se le practique una tomografía computada de cerebro, mientras que un empleado del lavadero fue herido con una navaja en la espalda.
Cuatro días después de ese brutal choque llegó la contraofensiva. Antes del partido con River (1 a 1 con goles de Balanta y Cauteruccio), desde un auto -cerca de la subida a la Autopista- abrieron fuego contra los micros que trasladaban a los hinchas de Quilmes hacia el Monumental, en el cual se encontraban los barrabravas conducidos por Bustamante. El saldo fueron cinco heridos de bala.
Desde entonces, la disputa recrudeció hasta llegar al violento cruce de hace dos días. Con la guerra declarada, se avizora un futuro manchado con más sangre.