La mitad de los niños, por ejemplo, presenta una ingesta insuficiente de calcio, lo cual podría reducirse sólo con la incorporación de un yogur al día.

La alimentación infantil en Argentina atraviesa una situación compleja, marcada por la coexistencia de hábitos poco saludables, carencias nutricionales y una calidad alimentaria que, en la mayoría de los casos, se mantiene en niveles medios o bajos.

Especialistas dedicados al análisis de la nutrición infantil en el país advirtieron que este panorama representa un desafío concreto para la salud pública: encontrar maneras simples, sostenibles y acordes a la cultura alimentaria local para mejorar el aporte de nutrientes esenciales durante la infancia.

En este contexto, un nuevo informe elaborado por el Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación (CEPEA), aporta datos relevantes sobre el impacto que podrían tener ciertos alimentos de consumo habitual para reducir déficits nutricionales importantes, como el calcio.

La investigación, denominada “Calidad de dieta en niños/as entre 4 y 9 años y en mujeres adultas en 4 ciudades de Argentina y modelización de los efectos de un consumo regular de yogur sobre la ingesta de nutrientes críticos”, examinó los hábitos alimentarios y simuló las consecuencias de incorporar yogur diariamente en la alimentación.

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El relevamiento contempló a 315 chicos y chicas de entre 4 y 9 años y a 375 mujeres adultas de Rosario, Tucumán, Gualeguaychú y la Ciudad de Buenos Aires. Mediante una encuesta de frecuencia de consumo realizada por nutricionistas, se analizaron 67 alimentos agrupados en categorías saludables como frutas, verduras, legumbres, carnes y lácteos, además de otros productos de consumo ocasional.

Con esos datos, los investigadores clasificaron la calidad de la dieta en tres categorías: alta, media y baja, y detectaron falencias en nutrientes esenciales. Los resultados reflejan un amplio margen de mejora: apenas el 12% de los niños presenta una dieta de alta calidad, mientras que el 61% se encuentra en un nivel intermedio y el 26% en un nivel bajo.

El director de CEPEA, Sergio Britos, destacó que “uno de los principales hallazgos es la elevada proporción de ingesta insuficiente de calcio, que afecta al 49% de los niños”. Además, señaló que este escenario se combina con un consumo muy reducido de verduras, frutas y legumbres, con niveles de inadecuación cercanos al 90%, y una mayor presencia de alimentos de origen animal.

El estudio también evaluó qué sucedería si se sumara un yogur por día a la alimentación habitual, considerando que se trata de uno de los productos fermentados más difundidos y consumidos en Argentina.

Para ello, se recalcularon las ingestas individuales incorporando distintas porciones de yogur y luego se comparó la cantidad de niños que quedaban por debajo de los requerimientos promedio de calcio antes y después de esa incorporación. En el análisis solo se contemplaron yogures naturales o saborizados naturalmente, sin sellos de advertencia y con presencia de probióticos.

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Los resultados mostraron que consumir un yogur diario disminuye de manera significativa la insuficiencia de calcio en la población infantil. En el escenario más favorable, la reducción alcanza el 40%, lo que evidencia el potencial de un alimento accesible y ampliamente integrado en la dieta cotidiana para mejorar la nutrición.

Además del aporte de calcio, el yogur incorpora microorganismos vivos beneficiosos para fortalecer la microbiota intestinal, que cumple un papel importante en la salud tanto de niños como de adultos. A esto se suma evidencia científica que indica que el calcio presente en el yogur tiene una absorción más eficiente gracias al proceso de fermentación que caracteriza a este alimento.

El efecto positivo sobre la reducción del déficit de calcio se mantiene incluso sin modificar el resto de los hábitos alimentarios, lo que refuerza el valor de implementar medidas simples en contextos donde existen múltiples limitaciones estructurales vinculadas a la alimentación. Sin embargo, el estudio aclaró que esta estrategia no mejora otros nutrientes críticos, como la vitamina D, por lo que serían necesarias medidas complementarias.

Otro dato destacado es que la baja calidad alimentaria no se explica principalmente por un exceso de alimentos ocasionales, sino por la escasa presencia de alimentos protectores, especialmente verduras y legumbres. Según los investigadores, esta información permite orientar con mayor precisión las recomendaciones nutricionales.

Durante años, la nutrición se enfocó principalmente en analizar nutrientes aislados y en cubrir requerimientos específicos. Sin embargo, este enfoque comenzó a mostrar limitaciones frente al aumento de enfermedades crónicas, impulsando una mirada más integral centrada en los patrones alimentarios y en la calidad general de la dieta como parte de un nuevo paradigma.

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