Juan Bautista Bairoletto, esa especie de Robin Hood del interior del país que robaba a los ricos para darles el dinero a los pobres, tejió su propia leyenda a lo largo de su vida. Y después de muerto, muchos creen que ha hecho “milagros y sanaciones”. Lo cierto es que todos los 14 de setiembre en Carmensa (lugar donde fue abatido Bairoletto) se reúnen en un culto rarísimo alrededor de 10.000 personas que vienen desde La Pampa, Neuquén, la Patagonia y otros lugares.
A Bairoletto se le rinde culto en las provincias de La Pampa, Córdoba, San Luis, Mendoza y San Juan. Todos coinciden en que el bandolero era “bueno para los pobres y malo para los ricos” y su muerte violenta trajo aparejado el culto que se manifiesta también cada 2 de noviembre, día de los difuntos. Allí sus “devotos” encienden velas en la tumba, costeada por colecta popular, y le piden desde trabajo y salud hasta la solución de problemas sentimentales.