Una de las principales barreras con las que se encuentran los estudios sobre el origen de estos juegos es la dificultad en definir claramente qué es una carta, lo que simbolizan sus dibujos y los mensajes que ocultan.
Son tantos los elementos que componen un mazo de cartas que ni la materia con la que están hechos (cartulina, papel, seda, marfil), la forma (rectangulares, cuadrados, redondos, biselados, troquelados), el contenido (signos españoles, signos alemanes, signos franceses, juegos de familias, cartas de mahjong, naipes educativos, naipes históricos), o los juegos que con ellas se juegan, sirven como criterios de identificación absolutamente determinantes.
En los principales museos del mundo dedicados a los naipes pueden encontrarse ejemplos de todos estos tipos de cartas. Tal vez las únicas características comunes a todas ellas son su extrema delgadez, lo cual las diferencia de las fichas u otros objetos utilizados para el juego, y la pertenencia a un grupo de elementos semejantes organizado según un criterio preciso. En cualquier caso, ambas características deben encontrarse inseparablemente unidas en el objeto que usualmente denominamos naipe.
Son varias las naciones que se atribuyen la invención del juego de naipes: los chinos adjudican a su país el origen de la baraja, ya que en el año 1120 empleaban el grabado sobre madera para el estampado de las cartas. En tanto que los hindúes y los persas remontan su invención a los tiempos bíblicos y los árabes usaban la baraja o naib, como la nombraban en el Siglo XIII. Fue seguramente de Arabia donde los caballeros de las Cruzadas conocieron por vez primera este juego y lo introdujeron en Europa, continente donde los juegos de naipes comenzaron a practicarse por el Siglo XIV, probablemente en Italia. Logró tanta popularidad y furor que luego su uso fue prohibido en muchas naciones.
Según datos de la historia, en 1331 esta forma de entretenimiento gozaba de cierto arraigo en España, ya que justamente ese año, Alfonso XI prohibió a los caballeros de la Orden de la Banda por él fundada que interviniesen en partidas de naipes, quienes pasaran sus ocios en el “nefasto juego”.
Algunos historiadores aseguran que las 52 cartas de la baraja representan las semanas del año; las 12 figuras, los signos zodiacales; las 13 cartas de cada palo, los 13 meses lunares, y los cuatro estaciones. Sin embargo, esta teoría resulta bastante improbable teniendo en cuenta que con el tiempo deberían haberse visto afectadas por mutaciones en sus símbolos y formas. La Baraja Española de 48 naipes, divididos en los 4 símbolos apuntados: Oros simbolizarían el comercio; las Espadas, la nobleza y al ejército; los Bastos, la agricultura o los obreros, y las Copas, la religión. Cada serie es de doce cartas cada una, siendo su numeración del uno (conocido por “As”) hasta el doce. Esta última carta y las dos anteriores, o sean el 11 y el 10, se conocen por los nombres de Rey, Caballo y Sota respectivamente.
La Baraja Francesa (también llamada la Baraja Americana) se compone de 52 naipes, divididos también en cuatro palos que reciben la denominación de Pica, Trébol, Diamante y Corazón. El simbolismo de estos palos es similar al español, ya que los corazones representan a la Iglesia; los diamantes, como emblema de riqueza, a la aristocracia; los tréboles simbolizan al ejército y las picas a los obreros.