El certamen tecnológico reunió modelos humanoides en disciplinas como atletismo, breakdance y tenis de mesa, además de pruebas de almacén y manufactura.
Los robots humanoides protagonizaron una nueva jornada de los Juegos de Pekín, un certamen tecnológico que combina pruebas deportivas con desafíos vinculados a tareas industriales, fecha incluyó competencias de velocidad, salto de altura, tenis de mesa autónomo y baile urbano, junto con ejercicios de almacenamiento y ensamblaje.
En total, la competencia contempla 51 pruebas, de las cuales 21 fueron diseñadas específicamente para simular entornos de trabajo en almacenes y líneas de manufactura. El objetivo es evaluar no solo las capacidades físicas de los robots, sino también su precisión y capacidad para realizar tareas que requieren coordinación motriz.
En los relevos de 4x100 metros, el equipo Tiangong obtuvo la medalla de oro con un tiempo de 2 minutos y 20,79 segundos. La competencia tuvo una particularidad: los robots no utilizaron una estafeta y el relevo se consideró válido cuando los cuerpos de dos autómatas se solaparon dentro de una zona delimitada.
De los 22 equipos inscritos en esa prueba, solo Tiangong logró completar una carrera válida. En otra de las disciplinas, el robot humanoide Tiangong Ultra completó los 100 metros en 9,39 segundos, por debajo del récord mundial humano de 9,58 segundos establecido por el atleta jamaicano Usain Bolt en 2009.
El breakdance también mostró algunas de las capacidades de movimiento de los humanoides. El modelo B-BOT Lu Xiaoming se impuso en la final por 13-0, en una competencia en la que los robots realizaron movimientos como giros sobre la cabeza y apoyos sobre las manos.
En tenis de mesa autónomo, el representativo universitario PKU-BAAI ganó la final frente a la delegación de la Universidad de Hong Kong por parciales de 11-0 y 11-7. La prueba se desarrolló sin asistencia remota, mientras que Xingzhe Taishan consiguió otro triunfo en la competencia de fuerza por parejas.
El modelo llamado "Tianzhuo", por su parte, ganó la categoría de salto de altura parado al alcanzar una elevación de 3,40 metros. Los resultados mostraron la capacidad de los robots para ejecutar movimientos deportivos complejos, aunque también dejaron en evidencia diferencias importantes entre el rendimiento atlético y las tareas que requieren precisión.
La parte industrial del certamen busca precisamente medir esas capacidades. Los ejercicios incluyen simulaciones de acomodo de productos en anaqueles comerciales y ensamblaje de piezas operativas. Según el vocero del Ministerio de Asuntos Exteriores de China, Lin Jian, llevar estas máquinas desde los laboratorios hacia sectores como la producción, la paquetería y el cuidado de personas mayores constituye una prioridad nacional.
Las pruebas también mostraron que la manipulación motriz fina continúa siendo uno de los principales desafíos para los robots humanoides. Mientras algunas máquinas pueden alcanzar velocidades y realizar movimientos acrobáticos, las tareas industriales exigen coordinación y precisión sostenidas, lo que puede requerir varios intentos para completar correctamente una operación.
Los Juegos de Pekín funcionan así como un banco de pruebas para una tecnología que busca ampliar su presencia más allá de los laboratorios. El desafío para los fabricantes será trasladar las capacidades demostradas en las competencias deportivas a entornos reales de trabajo, donde la precisión, la autonomía y la repetibilidad resultan tan importantes como la velocidad o la fuerza.
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