A fines del 2016, en el tradicional Masters de Londres, Roger Federer y Rafael Nadal veían desde sus casas como Novak Djokovic y Andy Murray disputaban la final del torneo que reúne a los mejores ocho tenistas de la temporada. Ambos se recuperaban de lesiones duras. Sus regresos parecían al circuito más una cortesía al público que una reinserción en la elite. Seis meses después, los protagonistas del duelo más increíble de la historia del tenis se vuelven a medir el domingo en la final del Masters 1000 de Miami. Es el segundo partido decisivo que disputan en el año, el 23° de la historia.
El suizo tiene 35 años y cuatro hijos, pero logró imponerse contra el joven y feroz Nick Krygios en una batalla que se prolongó durante tres horas y 11 minutos. El físico de Federer parece estar hecho por un relojero de Zúrich. Juega los partidos con la misma solvencia que lo hacía diez años atrás, cuando era el indiscutible emperador del circuito. "Voy a volver más fuerte de lo que piensan", había avisado en noviembre del 2016, mientras se recuperaba de lesiones en la rodilla y la espalda. Cumplió en el primer Grand Slam del año, ganó en Indian Wells y está en la final de Miami.
El andar de Nadal en Miami es el de una locomotora. Está prolijo con el saque y mantiene la paciencia que lo llevó a mandar en el ranking durante un tiempo extenso. La cabeza está fuerte otra vez. Se reconvirtió en la muralla que supo ser, con algunos ajustes en su juego que le permitieron imponerse cómodamente a lo largo de todo el certamen que se disputa en Florida. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurrió siempre entre ambos, ahora parece no ser capaz de vencer a Federer. Le lleva diez partidos en el historial al suizo, pero cayó en los últimos tres enfrentamientos: final de Basilea en 2015, final en Australia 2017 y la última semana, en los octavos de Indian Wells.
Miami funcionará como un escenario melancólico. Ahí comenzó todo: en 2004, se midieron por primera vez, con victoria —y batacazo— para el español, pero un año más tarde jugaron la primera final y festejó el suizo. "Sabemos que no quedan muchas finales entre nosotros, así que tendremos que disfrutarla", dijo Nadal ayer, en la conferencia de prensa luego de barrer a Fabio Fognini. La rivalidad parece reinventarse día a día, semana a semana, y el final todavía no se vislumbra.