A lo largo de su historia, Argentina jugó varias veces el repechaje de la Copa Davis. La ganó solamente una vez. Hace 20 minutos. En diciembre de 2016, con este grupo de jugadores, con Daniel Orsanic como capitán y con Juan Martín Del Potro como protagonista.
La obsesión argentina por la ensaladera se convirtió en una prisión. La imperiosa necesidad de tener ese título hizo perder el rumbo de los tenistas argentinos en varias ocasiones. Hace 15 años ininterrumpidos que el equipo está en el Grupo Mundial y llegó a la final en cuatro ocasiones. Estos números muestran que la Legión Argentina no sólo cumplió las expectativas, sino que también tuvo logros mostrados. Y en el medio, cada uno de sus integrantes sufrió la sobredimensión de victorias y derrotas que no fueron tales, pero que por el contexto tomaron un valor simbólico más grande del que en realidad tenían.
La falta de esa Copa, más acá en el tiempo, llevó a la búsqueda incesante de culpables, responsables y héroes. Desde Gaudio hasta Nalbandian, todos fueron apuntados con alguno de esos adjetivos. Más allá de las divisiones que existieron y fueron comprobadas, como aquella polémica por la sede en Mar del Plata, la idea de "dos bandos" siempre tomó una mayor dimensión.
La Davis es una competencia que poco tiene que ver con el espíritu del tenis, pero que tiene un gran apego en el público. La necesidad del título era más de la gente que de los propios jugadores. Durante los últimos 15 años, varios jugadores navegaron por las series intentando seguir adelante con su carrera y sobrevivir a un mal resultado en esta Copa.
Ningún tenista tiene como sueño principal ganar la Davis. Es solo cuestión de preguntar a cualquier junior. La meta siempre es ser número uno del mundo o ganar un Grand Slam. La ensaladera es especial, pero nunca es prioridad.
En ese contexto los tenistas tienen que elegir entre su sueño y el sueño de los demás. La voracidad del calendario de la ATP hace que la Copa Davis se desarrolle en fechas complicadas. Después de los Grand Slams, es decir luego de los principales objetivos. La decisión para varios fue clara: la carrera personal. Roger Federer nunca priorizó el torneo por equipos y tuvo la carrera que tuvo. La ganó recién en 2014, con 32 años.
Sólo hay que googlear para ver cuáles fueron las críticas a jugadores que se negaron a formar parte del equipo por priorizar la carrera.
Aun así, en diciembre se obtuvo ese torneo que obsesionaba a todos, pero que tiene poco peso para el tenista en comparación a Grand Slam y Masters 1000. Estos jugadores lograron lo que faltaba en el deporte argentino y entraron al olimpo. Lograron vencer a la historia, al tiempo y, sobretodo, a la presión de décadas de frustraciones.
Es hora de empezar a comprender que la necesidad ya no existe y que la Copa Davis va a tener el lugar que realmente tiene que tener. Un lugar simbólico.