Los espárragos se destacan por sus propiedades medicinales. Poseen un alcaloide denominado asparagina que es bueno para estimular el funcionamiento de los riñones y de los intestinos, para relajar el sistema nervioso y es un gran desintoxicante de la sangre.
Si los espárragos son finitos y parejos, se los puede cocinar a la inglesa, esto es, en agua hirviendo con sal como cualquier otra verdura. Pero si son gruesos, conviene atarlos y cocinarlos parados, con las puntas afuera del agua, porque son más tiernitas y se cocinan con el vapor.
90 % de su composición es agua. Son ideales para las personas que quieren adelgazar ya que su aporte en calorías es muy bajo. Además, son ricos en fibras, vitaminas A y C, y en minerales como potasio, calcio, magnesio y fósforo.
Una receta rápida para hacer espárragos es hervirlos y servirlos con un chorrito de aceite de oliva y queso parmesano rallado. Quedan también muy bien en tortillas, tartas y omelettes. Los países donde más se los consumen son Italia y Francia.
¿Cómo conservarlos?
Lo ideal es consumir los espárragos el mismo día que los compramos, porque cuanto más tiempo pasa, se van poniendo más duros y fibrosos. Pero si no los vamos a comer de inmediato, se conservan en la heladera envueltos en una bolsita.
El condimento justo
Si se utilizan los espárragos en una ensalada (con tomates cherry y choclo desgranado quedan muy bien), lo mejor es condimentarlos a último momento ya que se alteran sus propiedades organolépticas, poniéndose amarillentos y algo amargos.
¿Y lo que sobra?
La parte de los espárragos que se descarta por ser dura y fibrosa se puede aprovechar utilizándola en sopas de verduras, para hacer caldos o fondos de cocción. Les aporta un delicado sabor, además de cualidades nutritivas.