"Vestirse con trabajo digno" es una de las consignas que lanza esta firma que en castellano significa Sin cadenas, para fomentar el uso de ropa que se produce "libre de trabajo esclavo".

No Chains” (Sin cadenas) es la firma argentino-tailandesa que produce ropa “libre de trabajo esclavo”, una forma de agitar conciencias y brindar una alternativa de empleo digno para las personas que han sido víctimas de explotación laboral en diferentes talleres clandestinos.

“¿Y si te vestís con trabajo digno?”, interpela sin anestesia “No Chains” en sus redes sociales. Esta marca internacional, impulsada por las cooperativas 20 de diciembre de La Alameda (Argentina) y Dignity Returns de Tailandia, lleva desde 2010 defendiendo la producción textil “sin esclavos”, una lacra que subsiste en pleno siglo XXI y de la que somos, muchas veces, cómplices inconscientes.

La iniciativa surgió después de coincidir varios referentes en un congreso de la Organización Internacional del Trabajo y comprobar que, a pesar de la distancia geográfica, compartían problemáticas comunes en su pelea contra este “flagelo”.

“Vimos que estábamos en luchas muy similares tanto desde lo productivo como desde lo reivindicativo del trabajo digno y decidimos unirnos para mostrar que a ambos lados del mundo sucedían las mismas cosas en relación a la reducción a la servidumbre de los trabajadores de la industria textil”, explicó Tamara Rosemberg, una de las impulsoras de “No Chains” en Argentina.

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Su objetivo es “generar conciencia” en los trabajadores y también en los consumidores sobre lo que sucede en el sector, “sobre todo en países subdesarrollados”, apuntó Rosemberg.

La referente argentina sostiene que solo el 20 % de los trabajadores de la industria textil están registrados en el país sudamericano.

Muchos son migrantes procedentes de zonas vulnerables del interior o de países limítrofes a quienes les prometen trabajo a cambio de buenas remuneraciones y que, al llegar a destino, se encuentran “con un lugar precario”, sin las condiciones de seguridad e higiene que fija la ley y donde ni se “respeta la cantidad de horas de trabajo” ni “mucho menos los pagos”, aseveró.

Los típicos engaños que llevan al trabajo esclavo

Una situación difícil es la que vivió Giovanna Rojas, que con solo 33 años sabe lo que es escapar de las garras de la trata. “Yo soy boliviana y allá en Bolivia siempre aparecen utreros de trabajo que te ofrecen pagar en dólares, o sea, una maravilla te ofrecen, pero llegando acá es otra cosa. Llegas a un taller clandestino donde no te pagan como tenía que ser, te tienen trabajando muchas horas, ponele de siete de la mañana hasta las once de la noche, y bueno, ahí decides buscar mejor vida”, relató.

Como ella, en 2018 fueron rescatadas 1531 personas víctimas de trata, según datos del Ministerio de Justicia argentino, un 27,5 % más que en el año anterior.

Rojas lleva tres meses trabajando en una de las cooperativas de “No Chains” junto a otros compañeros y asegura que esta nueva realidad le ha permitido disfrutar más de su esposo e hijas, e incluso empezar a estudiar geriatría.

Pero salir no es fácil, asegura. “Como migrante entiendo a mis paisanos cuando están en un taller clandestino y no se animan a salir por miedo”, remarcó. Sienten que nadie les va a ayudar.

Por eso, este proyecto apunta, precisamente, a darles la fuerza que necesitan para romper esas cadenas y tener una oportunidad laboral que les permita salir adelante.

“‘No Chains’ es algo que queremos fortalecer, que queremos que crezca, que entre en competencia; y bueno, cuando se consume (la ropa que producen) uno se siente bien”, confiesa Rojas.

Otros han visto en este “emprendimiento” una alternativa para mantener sus fuentes de trabajo ante la crisis que atraviesa el sector textil en Argentina.

Para Rosemberg la situación es “crítica” en el país y “hoy está incluso agravada por la baja del consumo interno y la entrada de importaciones con precios que son muy inferiores incluso a los de los talleres clandestinos”.

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