La muerte de la madre del nene horas después de su nacimiento en condición de prematuro, llevaron a una mujer a compartir con vocación maternal la lucha que el chico sobrellevó paradejar atrás tanta adversidad
En visperas del Día del Nieto, que se recuerda hoy, en el living de la casa de los Maidana, en Retiro, la palabra “abuelita” suena con la dulzura propia que solo la voz de un nene es capaz de modular. Sin embargo en este caso, la expresión parece tener una signi cación más profunda porque quien refiere así a su abuela Marta es Uriel, un chiquito de 6 años vinculado a esa mujer desde su nacimiento prematuro, con apenas siete meses de gestación, del que derivó la muerte
de su joven madre a poco del parto.

Hoy Marta Rodríguez, de 55 años, disfruta de su nieto al que tiene a cargo desde que salió de la internación en la clínica IMOS, donde la criatura estuvo internada cinco meses en grave estado, tres de ellos en incubadora, sin que la abuela paterna faltara una sola mañana para seguir de cerca la lenta evolución de Uriel.

Junto a Eduardo, su esposo desde hace 37 años, Marta se convirtió en la principal compañera de lucha en la batalla que Uriel, uno de sus seis nietos, decidió librar contra las adversidades impuestas por su condición de prematuro. “Era tan chiquito que ni se lo veía en la cuna” cruzado como estaba por cables y sondas, rememoró Marta a HISTORIAS DE VIDA con los ojos bañados.
en emoción.

Es que el niño estuvo muy mal desde que nació el 4 de mayo de 2006, luego que su madre, Mariela Soledad, de 26, ingresara descompensada por un cuadro clínico que nunca quedó del todo claro. Lo cierto que fue sometida a una cesárea, tras lo cual fue trasladada a la clínica
Colegiales donde su cuadro se agravó al punto que falleció al día siguiente.

Como madre de Cristian, el papá de Uriel, Marta puso el pecho a la penosa situación junto a su consuegra. El nene estaba internado y sus posibilidades era escasas por lo que las dos mujeres se turnaban para estar cerca del bebito en la terapia neonatológica donde el respirador artificial y el arte de médicos y enfermeras lo acompañaban día a día en su lucha contra la muerte. “Para colmo, el primer Día del Niño que pasó tuvo un paro cardíaco porque se complicó su cuadro
por haberse contagiado de bronquiolitis dentro de la clínica” reveló Marta, quien de golpe se encontró en ese momento, después de haberlo hecho por última vez 29 años antes, con la responsabilidad de empezar a ejercer nuevamente el rol de madre

Uriel, un maestro
“Muchas veces me pregunté porqué me tocó a mí esto y creo que la respuesta pasa en que como ser madre fue lo más hermoso que me pasó en la vida, ante esta situación tan triste Dios me dio una una nueva oportunidad”, consideró Marta. De hecho sus condiciones son reconocidas por los propios vecinos porque en el edi cio donde habitan, donde Eduardo es encargado, a los pocos
días de tener a Uriel en casa una copropietaria le dijo a su marido que se quedara tranquilo porque el chiquito iba a estar bien, dado que Marta era una madre por naturaleza.

“Pero también es cierto que Uriel me enseñó mucho porque lo mucho que había aprendido con mis hijos, él me lo hizo ver de otra manera” por todas las complicaciones en torno a la salud de quien, como lo reconoce” fui la socia en esta campaña que llevó adelante para sobrevivir”.
Y mientras Marta cuenta la historia de ambos, Uriel juega con Eduardo en el ámbito del living de la portería del piso doce resuena una y otra vez el cariñoso “abuelita” como una versión cálida y personalizada que, traducida, signi ca muchas gracias por tanto amor.

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